3 oct 2025

Puchito

 Hace tres semanas te fuiste de mi vida. El vacío que nos dejaste, es aturdidor. La casa se llenó de silencio, tu presencia ahora sólo se reduce a tu collar y tu correa, colgados del perchero atrás de la puerta; y todos tus recuerdos en mi mente y en mi corazón.

No sé porqué la vida a veces es tan injusta. No te merecías ninguna de las cosas malas que te tocaron vivir. Te encontré una noche fría de junio, mientras paseaba a mi perrita Poli. Estábamos tristes, hacía cinco meses que Negrito, el perrito que me acompañó durante catorce años, se había ido. Noté un movimiento extraño a mi costado, a la izquierda, y cuando miré, ahí estabas vos, moviendo una de tus manitos, sentado en el cordón de la vereda. Estabas triste y había desconcierto en tu mirada.

Terminé de pasear a Poli y te fui a buscar, parecía que me llamabas con esa manito que se movía constantemente. Te alcé y te traje a casa, tenías sarna. Faltaba pelito en algunas partes de tu cara, de tu cuerpo, y tenías una tristeza enorme. Al día siguiente fuimos a la veterinaria, yo sé que Jorgelina te amó desde el primer segundo en que te vió, así como te amé yo. El movimiento de tu manito era una secuela neurológica de moquillo, que estabas atravesando o ya lo habías atravesado, no lo sabíamos bien. Estabas desnutrido y empezamos tu tratamiento, no demoraste mucho en mejorar. Pensaba en recuperarte y encontrarte un hogar, pero a los dos meses que llegaste, Poli, que ya estaba viejita, también nos dejó. Entonces fuimos vos y yo.

Un día me encontré en la casilla de solicitud con un mensaje de tus dueños, que habían visto mi publicación en Facebook y me contaron que te habías enfermado, pero no tenían los medios económicos para tratarte, que vivías en una casa con un patio compartido y creían que uno de los vecinos te sacó de ahí y te abandonó porque estabas enfermo. Me pasaron fotos tuyas de bebé y pude conocer esa parte de tu historia que era un espacio en blanco para mí. Pude verte sano antes de que tu piel se enfermara y tu patita estaba sana también.

El tiempo pasó, aprendimos a querernos, a convivir, nos fuimos conociendo y tuvimos cuatro años juntos bebé, cuatro años. Hasta que empezaste con síntomas de inflamación en sacos anales y no  respondías del todo al tratamiento con antibióticos, por lo que tu veterinaria indicó hacerte una ecografía y análisis de sangre. Esto fue el 2 de septiembre. Conseguí turno para la eco esa misma tarde, había notado esa mañana unos movimientos extraños en tus patas traseras. Estaba muy preocupada. Lo primero que pensé es que el moquillo se había reactivado. Para el estudio me acompañó una de mis mejores amigas. Había que sostenerte y yo sola no podía. Estabas muy bien de ánimos y energía. Dispuesto a dar pelea a esa situación extraña por la que nunca habías atravesado. Fue un momento difícil, estabas enojado y te movías para todos lados, intentando safarte de las manos y del bozal. Con angustia te miraba a vos y a la pantalla del ecógrafo. Tenía miedo de lo que podía llegar a mostrar, pero nada de lo que imaginé se comparaba con lo que realmente estaba pasando. Lo que estaba por venir era realmente inesperado. Entonces escuché las palabras "riñones" y "algo raro". Me preguntó la doctora antes de irnos cuantos años tenías. Casi cuatro, le dije. Me miró raro y me dijo que apenas se desocupara le iba a mandar las imágenes a tu veterinaria. Volvimos a casa y estabas contento, salimos a pasear como siempre, comiste tu caserito de la noche, le ladraste a la paloma que rescaté hace meses y jugaste con tus hermanos caninos, Tito y Rockito.

A la mañana siguiente, miércoles 3 de septiembre, fuimos a sacarte sangre para el análisis y llevé las muestras al laboratorio. A la salida de la veterinaria me crucé con la veterinaria que te había hecho la ecografía. Vos ibas tirando de la correa, olfateando todo como siempre, y no tuve tiempo de parar para hablar. Decidí volver a la tarde para preguntarte a tu vete que le había dicho la ecógrafa. Los resultados de los análisis iban a estar para el jueves, pero estuvieron para ese mismo día. La veterinaria lo corroboró en la página del laboratorio. Me hizo pasar al consultorio y mientras me miraba, hizo un dibujo sobre un papel, eran tus dos riñones. Uno lo pintó totalmente, estaba sin funcionar, y el otro estaba funcionando sólo a un 10 ó 20 por ciento. Tenías, con cuatro años, los riñones de un perro viejo, una falla renal crónica. Ésto es grave, me dijo. Tus niveles de urea y creatinina estaban por las nubes. Tu cuerpo se estaba intoxicando y vos no habías tenido ningún síntoma de problemas renales. La veterinaria me miró y me dijo que esos valores que estaba leyendo no tenían correlación con tu estado de ánimo. Que deberías haber estado vomitando, sin comer, ni tomar agua. Totalmente decaído. El cuadro era para internación, pero vos no estabas en condiciones de estar en una jaula con suero. Hubiera sido una tortura. Por lo que decidimos iniciar el tratamiento ambulatorio esa misma tarde. Suero y medicación para tratar la falla renal. Y así estuvimos miércoles y jueves. Repetimos los análisis el viernes y los valores habían mejorado un poco. Ese día volvimos a repetir el suero con medicación y parecía que estaba todo bien. De todas formas Jorgelina me advirtió que podías llegar a descompensarte, y me dió un pedido de internación que guardé junto con todos tus estudios.

El sábado por la mañana no te noté bien. Te ví muy caído y triste. Yo estaba organizando la casa mientras vos estabas acostado en el sillón del living. Fui al baño a lavarme los dientes y escuché que hiciste un gruñido como cuando jugabas panza arriba, remoloneando en la cama. Pero no estabas jugando, estabas convulsionando. Corrí a tu lado y te hablé suave mientras mantenía tu boca abierta, para que no mordieras tu lengua. En menos de un minuto todo había pasado. Pero no volviste a la normalidad. Empezaste a babear y entendí entonces que era hora de internarte en una clínica con guardia de 24 hs. Creí que te estaba dando una chance más y que con suero constante y la medicación necesaria ibas a mejorar. Ese día fui a visistarte a la tarde, pero estabas sedado, habías convulsionado nuevamente. Te acaricié, te dí besos y te canté, pasé mis manos por las mantas para que sintieras mi olor cuando te despertaras. Habías empezado a moverte y me pidieron terminar la visita para que no te alteraras. El domingo a la mañana, llamé para que me pasaran el parte médico. Habías convulsionado otra vez a la madrugada. Ya eran tres convulsiones en menos de 24 hs. No es alentador, me dijeron. Las convulsiones empeoran el cuadro renal y pueden dejar secuelas neurológicas. No sabía que hacer. Mi miedo más grande es que te fueras y estuvieras solo, en una jaula, rodeado de perros y gente que no conocías. Todas las mañanas me despertaba con el terror de encontrar una llamada perdida de la clínica. Ese día no estaban permitidas las visitas, así que no fui a verte.

El lunes llamé por la mañana para pedir el parte, me dijeron que habías tenido una leve mejoría y que habías comido. Le conté a tu veterinaria y pidió que repitieran los análisis de sangre para ver si estabas respondiendo al tratamiento. Esa tarde fui a visitarte y te encontré triste, con tus orejitas caídas, mirando a la pared. Me acerqué y al principio no me respondías. tardaste un poquito en darte cuenta que estaba ahí. Te acaricié y te dí besos, y entonces me diste besos en la cara. Esa luz que siempre te caracterizó ya no estaba y recuerdo tocar tus patitas y sentirlas muy frías. Los resultados de laboratorio no eran favorables, los valores de urea y creatinina habían empeorado. Cuando le pasé los estudios a Jorgelina, me dijo que te trajera a casa. Tres días con suero constante no habían hecho ninguna diferencia y verte ahí, tan triste, me rompió el corazón. Supongo que dentro tuyo no entendías que pasaba y pensaste que te habían abandonado de nuevo. Perdón si así lo sentiste, Puchito. En ese momento sentí que era un intento más por salvarte. Pero fue un intento falllido. Gracias por no irte en esa jaula y esperarme a que te buscara.

El martes al medio día te traje conmigo, te habían inyectado porque habías empezado con vómitos, la intoxicación de tu cuerpo ya no tenía retorno. Me pidieron que te diera agua de a poco, para que no vomitaras. Volviste a verlo al abuelo, anduviste en auto y te reencontraste con Tito y Rockito. Te mantuviste un poco distante, acostándote en el baño, después un poco con nosotros. Dormimos la siesta en mi pieza, con el calor del solcito entrando por la ventana. Cuando me desperté estabas en el patio, olfateando. Estabas desesperado por tomar agua, pero tenías que tomar de a poquito, así y todo los vómitos aparecieron y te llevé a tu veterinaria para que repitiera el inyectable. Mejoraste por unas horas y volviste a tener nauseas y vómitos. Esa noche solamente comiste dos pedacitos de pollo hervido y no quisiste nada más. Las cartas estaban dadas. Se nos terminaba el tiempo juntos.

Te acostaste en el suelo, en mi dormitorio. Yo te acomodé sobre un saco de lana y te tapé. Dormí en el suelo con vos. Te levantaste varias veces para orinar y vomitabas el agua que te iba dando cada vez que te despertabas. Así pasamos la noche, durmiendo a medias, acariciandote y sosteniendo tus manitos. A la mañana saliste al patio y te quedaste parado en la escalera, como perdido y asustado. Te traje conmigo alzado y te acosté en tu colchoneta y te tapé con el saco de lana con el que siempre te tapaba cuando dormías en el living. Volviste a tomar agua y ésta vez el vómito fue más grande y con un olor horrible. Estabas sufriendo. Ya no tenía sentido. Tuviste una vida feliz conmigo, no podía ser tan egoista de retenerte en esas condiciones y que te llevaras recuerdos tan tristes. Toda esa semana fue intensa. En sólo una semana se nos había dado vuelta la vida a los dos, pero el cuerpo lo estabas poniendo vos. Yo estaba dispuesta a luchar y darle pelea a la enfermedad, si vos decidías darle pelea también. Pero tu cuerpo estaba diciendo basta y entendí ese mensaje. 

Le escribí a Jorgelina para que viniera a dormirte. Te canté, te di muchos besos, saliste al solcito con Tito y Rockito un ratito y despues quisiste bajar a verlo al abuelo. Te fuiste rodeado de amor, en paz y sin sufrimiento. Te dí un último beso y te dije que te amo para siempre. Y ví como tu cuerpito se apagaba. Gracias por aparecer en mi vida, vos me encontraste a mí y aunque pareciera que yo te salvé a vos, en realidad vos me salvaste a mí. Gracias por este aprendizaje. Gracias por enseñarme que la vida es un segundo y por darme tu amor incondicional. Fue un privilegio tenerte en mi vida. Ojalá que volvamos a encontrarnos y gracias por haberme dado un día más junto a vos.

Te amo con todo mi corazón perrito de cejitas marrones, manitos de teclado, lunarcito de corazón invertido, te amo, ayer, hoy y siempre.
























26 sept 2023

5 años

 Es extraño volver por acá, volver y ver tantos recuerdos de esa otra vida que alguna vez fue mía. Es extraño observar tanta destrucción a la distancia. Y resultó ser que todo a lo que le temía, hoy es una realidad y ya no tiene peso alguno. Ya no recuerdo su voz, ni sus gestos y ya no existe nada que nos vincule. Jamás volví a verlo y si lo hiciera creo que sería triste ver a un perfecto extraño.

Pasaron cinco años y no soy la misma persona. No volví a enamorarme y mi vida es un mar de tranquilidad. Dicen que después de la tormenta, siempre llega la calma. Y ahora vivo por mí, para mí y mis afectos. La soledad puede ser una experiencia realmente enriquecedora y la mayor parte del tiempo soy felíz.

No sé si todavía queda alguien por ahí leyendo este blog, pero ya volveré a contar sobre mi vida actual. Me han dado ganas de retomar la escritura.

Cambio - fuera

26 may 2017

La venganza de Maggie


Nada más que un deseo para el mes de octubre. Dibujé con Illustrator y edité con Photoshop

17 may 2017

Sin solución

Pasaron los nueve meses y no llegamos a solucionar nada. Después de un intento fallido de reencuentro, dónde después de todo lo que pasamos juntos, sólo podía ofrecer vernos los fines de semana, entendí que una vez más, las cosas se estaban haciendo a sus tiempos; a su manera. Como casi toda la relación. Vos, con tus recaudos, tomándote cuatro años para llevarme a conocer a tus viejos, siete años para agregarme a facebook, lo cuál tuve que pedir y de mala gana accediste, no sin antes borrar contenido y quitar etiquetas. Presentarme a tus amigos en el velorio de tu papá, a cinco años de relación, de tener que pedirte que trajeras tu ropa. Fuiste tan injusto conmigo. Ya no estoy dispuesta a darte más tiempo de mi vida, ni esperar, ni hacer las cosas a tu ritmo. Cómo pudiste decirme que no sentías el compromiso, a mí? que te dí ocho años de mi vida, que te cociné cada noche, que te lavé la ropa y hasta los agujeros te cosí.
De verdad, espero que seas feliz y puedas lidiar con todos tus mambos, confusiones y miedos, que hasta el día de la fecha no pudiste solucionar, porque yo me voy con un fracaso en la espalda, pero vos te vas con dos. Todo esto me enseñó que cuando un vínculo se rompe, esas dos personas no se vuelven a encontrar nunca más. Ni aunque haya amor y estén sentadas una al lado de la otra compartiendo un fin de semana juntos. Lo tuyo siempre fue alejarte, ahora solamente te abrí la puerta y te solté la mano, para que te sea más fácil.
Otra decisión que tomé, es no volver a ejercer como diseñadora gráfica. Empecé a estudiar esa carrera pensando en un futuro con la persona que tenía a mi lado y compartía profesión. Ya cerré la página de diseño y no voy a tomar más trabajos. Es hora de poner el corazón en otro sueño y formarme en otros campos.
Me voy con el corazón roto pero con la frente bien en alto, sabiendo que YO lo intenté TODO. Ahora sólo queda esperar que el amor se me seque, mientras mi cabeza grita más fuerte que el corazón. Que pasen los días tristes, los llantos intermitentes y la angustia que provoca entender y aceptar que esta historia definitivamente se terminó.
Cambio - fuera

11 ene 2017

Cinco meses sin vos

Julio Cortázar decía que el peor sentimiento del mundo es no saber si esperar un poco más, o rendirse. Esas palabras me atraviesan el corazón. Sentí el momento de bajar los brazos llegar, pero una parte de mí no lo aceptó. Una parte de mí siguió esperando, y ese 6 de enero, a cinco meses de nuestra charla inicial aquél 6 de agosto, me encontró con la verdad, pegándome en la cara. Y tus palabras todavía resuenan en mi cabeza.

Han sido días muy tristes, un fin de año espantoso y se viene un cumpleaños de terror. Siento la tristeza que me paraliza, no tengo muchas ganas de hacer nada. Es la incertidumbre transformándose en certeza. Nos perdimos para no encontrarnos más. Ahora sé muy dentro mío, que no queda nada para solucionar.

Tus palabras... "Te amo, sos el amor de mi vida y la única mujer que veo como madre de mis hijos, pero no puedo definir nada" Nunca sentí un dolor tan grande. ¿De qué sirve tanto amor, si no alcanza para que estemos juntos?... "ojalá algún día pudiera venir y decirte que compré una casa y pedirte que vengas a vivir conmigo"... Y esas palabras tuyas, tampoco tienen sentido. Teníamos nuestro lugar, éste lugar que solías llamar tu lugar en el mundo, pero nunca lo sentiste tuyo.

Me dijiste que te estaba pesando el compromiso. Y yo entiendo de lo qué hablás. Porque por años todo fue simple y llevadero, porque yo no pedía nada y confiaba ciegamente en vos. Y vos quebraste mi confianza y cuando empecé a pedir cosas y a cuestionar, naufragaste. Ya no era fácil para vos estar a mi lado.
Duele ver lo injusto que fuiste. Yo te estaba dando todo, no es justo tu amor a medias, no fue justo que tuviera que pedirte tantas cosas que debieron salir de vos naturalmente y quizás por eso, cuando accediste a mis pedidos y no de buena gana, para mí no tuvo ningún valor, porque tuve que pedirlo. Hasta la única cosa que te dije que jamás te iba a pedir, lo tuve que hacer yo, hablar de casamiento.

Antes de irte, me pediste que me sentara en tu falda y nos abrazamos. Dijiste que me extrañabas, y mientras estábamos sentados, hice una regresión a todas las cosas lindas que pasamos. Pensé en cómo esperaba que se hiciera la hora para ir a tu casa, cuando recién empezamos a vernos. Miraba la hora, una y otra vez, Amaba las charlas, las comidas juntos, ir conociéndote, y siempre se me hacía eterno el tiempo mientras esperaba para encontrarnos. Eran tan sólo tres cuadras de distancia y las recorría fumando y comiendo caramelo. Vos me decías que los caramelos me iban a sacar el hambre. Supongo que con el tiempo, cuando viste cuánto como, habrás querido que me coma un kilo antes de ir. Recordé el medio kilo de helado que me comí ese sábado que había trabajado todo el día y estaba tan cansada. Pensé en ese 16 de diciembre, tu fecha de casamiento con tu ex pareja, y estabas acostado al lado mío, hablando de lo extrañas que son las vueltas de la vida. Vino a mi mente lo gracioso que fue descubrir que tu mamá se llama igual a la mía, y tu papá como el mío.
Te abracé fuerte mientras recordaba las cosas que cocinabas al wok, tus fritatas al horno, los helados en la cama, cuando todavía no dormía en el dormitorio de abajo. Las noches de películas que alquilábamos en el vídeo club. Tu expresión el primer día que entraste a mi casa y conociste mi mundo. Esa tarde que te pasé a buscar por tu casa, mientras paseaba a mi perro, y vinimos caminando juntos hasta acá. Pensé en la primer noche que comimos en el departamento. Esa tarde esperaba que pudieras ayudarme a acomodar y mudar las cosas de abajo. Pero no lo hiciste. Como las veces que esperaba que me ayudaras a acomodar las cosas para mi cumpleaños pero no me ayudabas a subir las sillas. Y entonces pensé en todo lo que acepté sin cuestionar, porque sabía que venías de un pasado doloroso, y pensé en cómo dejé de lado todo lo que yo esperaba y necesitaba, por no dañarte ni presionarte. Y esa es mi cuota de gran culpa. Si vos no supiste dar, yo tampoco supe pedir. Y cuando pedí, ya era tarde. Te abracé fuerte y lloraba por todas esas cosas, por quienes fuimos, por quienes no pudimos ser y quienes dejamos de ser.

Nos despedimos como siempre lo hacíamos. Y esperé parada en el marco de la puerta, mientras bajabas las escaleras,para verte saludar, antes de perderte de vista.

Creí que este encuentro podía tener otro desenlace. Imaginé que íbamos a tener nuestro viernes de pizza, sábado de sandwich, helado y películas. Nuestros domingos de mate y rosquitas. Pero no fue así. Fue una despedida. Con un regalo de por medio y una invitación al cine por mi cumpleaños...
"No estoy, pero estoy", me dijiste. No quiero regalos, ni salidas. Yo quiero que estés, y que estés. Quiero todo, o no quiero nada. Y vos "no podés definir nada"

Entendí que ya no hay nada más que esperar, y que es tiempo de rendirme. Y éste... éste fue mi último intento.

Cambio - fuera

18 dic 2016

Sobre las cosas que nadie te dice

Los sabios consejos recomiendan siempre luchar por la persona que se ama, pero no te explican qué hacer cuando es la otra persona la que no quiere enfrentar los problemas de a dos. Tampoco nadie habla del después. De cómo a pesar de las decepciones,la distancia y la tristeza, los sentimientos siguen presentes. Qué el amor y los recuerdos se quedan con uno; no se van con la persona que se aleja. Y es que dónde manda el corazón, la razón y la lógica no tienen peso.
Tampoco nadie te alerta de que, en realidad, no podemos elegir a quién querer y a quién no. El amor sucede cuando menos lo esperamos, sin buscarlo, y también, hay veces que el amor no pasa.

Pasaron más de 4 meses de la separación. Ya casi no hay lágrimas, tampoco angustia. Ya no me paralizo ante la idea de un futuro separados; sin embargo cuesta imaginarlo así, la distancia duele, los sentimientos no se mueren y extraño. Llegan esos días en los que quisiera que mi vida fuera como antes, cuando todo estaba bien. Nuestra rutina, su presencia, su compañía, las charlas...

Ninguna persona es igual a otra, y me produce tristeza saber que nunca voy a generar otro vínculo igual. Por suerte sé estar sola. La soledad no me molesta. Tengo un master en disfrutar sólo de mi propia compañía desde mi infancia. Y me hace ver con claridad que formar una relación fue una elección. Elegí estar con él, lo elegí a él, porque lo sentí mi par, la persona más compatible que conocí en mi vida. Elegí dejar de estar sola para estar con alguien a quién amé desde el preciso segundo en que cruzamos miradas. Y no fue fácil salir de mi soledad, y aprender a compartir. Pero construimos algo. Y quizás no hay un futuro para los dos juntos, quizás fallamos en muchas cosas y quizás recibí menos de lo que necesitaba, quizás no pudo darme todo lo que él hubiera querido, pero nunca voy a tener dudas de que el amor que tenemos el uno por el otro es genuino. Y acá es dónde resuena en mi cabeza otra de esas verdades brutales que pocos te dicen: el amor a veces no alcanza para mantener unidas a las personas.

Mis días pasan generalmente en tranquilidad. Con algunos trabajos, cambiando cosas en mi casa, he pintado las sillas y el mueble de la cocina. Paso tiempo con amigas, sigo tejiendo, empecé el tratamiento de las piernas, sigo ejercitando en casa y para navidad mi papá me regaló un tele LG smart 4k, así que me he iniciado en el vicio de netflix. Y lo estrené mirando el episodio 1 de la primer temporada de The Walking Dead.

Y así me encuentra diciembre. No sé lo que viene, duele lo que queda atrás, pero vivo así mis días, enfocada en el presente.

Cambio - fuera









16 oct 2016

Buscando seguir

Adriana, mi ex psicóloga, me repetía que mi don era hacer cosas bellas con el dolor. Me hizo ver mi capacidad de lograr cosas positivas, aunque a mi alrededor todo se derrumbara.
Y esta vez, fue un derrumbe importante, y por un tiempo, me quedé con esa sensación de no saber que hacer con las ruinas. Y quedé como suspendida, esperando algo. Quizás que decidieras volver, quizás que te dieras cuenta que era más grande lo que sentías por mí, que lo que te estaba confundiendo, y que quizás pudiera ser suficiente para encontrar la forma de cambiar, juntos.

El ropero que usabas, quedó vacío por un mes. Hasta que un día pude sacar algunas de mis cosas, y ocuparlo con mis zapatos y ropa. El mismo día que logré sacar tu desodorante que dejaste sobre la mesa de luz. Ayer cambié el canal de la tele del dormitorio, el canal que dejaste puesto la última vez que lo prendiste. Y pasó de C5N  a Fox.

Pude seguir con mis ejercicios, aunque no siguiera yendo al gimnasio, y después de cinco meses, mis abdominales están marcados. He podido re-ordenar el living, cambiar algunos muebles y volverlo habitables una vez más. Aunque todavía no logre usarlo. Pero me da satisfacción haber ideado algo en mi mente, y que hoy esté concretado.

He dejado de lado los dibujos, aunque he intentado hacer algunas cosas con el tema, no he tenido resultados favorables. Pero me doy cuenta, que todo es cuestión de tiempo. Y que de a poco, paso a paso, he podido salir del estado de parálisis. Quizás sea que ya no espero nada o tal vez pude entender que éste es mi presente, las ruinas, y que la única posibilidad de transformación proviene de esas ruinas. Tal vez, hay que caerse y todo tiene que romperse, para poder encontrarnos a nosotros mismos, o para recordarnos que en realidad en nuestro interior hay fortaleza, aunque por momentos he creído que no la tenía, hoy sé que ahí está.

Pude ir al médico y hacerme todos esos chequeos que jamás hice antes. Estoy completamente sana. Todo salió perfecto, a excepción de la vitamina D. La tengo un poco baja. Pero en resumen, soy una flaca muy sana. Ya pedí turno para hacerme el tratamiento en las piernas, salí a comprar jeans nuevos y voy a seguir haciendo todo lo que me haga sentir bien y me sirva para cuidarme y sentirme mejor.

Maruja, la bruja que te empuja, sin saberlo, creo, me ayudó con el tema de las películas y los fines de semanas. Nos miramos una película en su casa, con galletitas y facturas de por medio. Y el viernes, volví a comer helado, con ella y su "aún no se quieren poner títulos". Me alegra el alma verlos. Yo vi cómo su mundo se vino abajo después de su separación. Y hoy, la veo reconstruida, y me hace feliz.

Dejo algunas fotos de algunas de las cosas que he ido contando y otras que he ido sacando después de la separación. Y cierro mi post con un deseo que alguna vez leí en uno de mis diarios de la adolescencia: Que todo esto pase y pueda mirar hacia atrás y recordar sin sentir dolor, sin llorar.

Cambio - fuera









9 oct 2016

Sobre mí, el paso de los días y los efectos de la distancia

Mi mamá siempre dice que la vida perfumada es mejor. Que una buena fragancia levanta el ánimo y la estima; que es un mimo para el alma.
Y así fue que el primer día que nos separamos, lo primero que hizo fue regalarme uno de sus perfumes, mi preferido. Ese que usé durante tantos años, hace ya mucho tiempo atrás.
Y salí cada mañana a pasear mis perros con olor a Cabotine. Los ojos hinchados, el corazón desconcertado y una piedra en la garganta; pero perfumada.
Mi amiga Alicia también cree en la teoría de las fragancias, y unas semanas más tarde me regaló otro perfume. Y así fui alternando, y también salía con olor a Alma, de Paula.

Y pasaron los días, las semanas. Llorando antes de dormirme, volviéndolo a hacer apenas abría los ojos. Para después arrancar mis mañanas con los paseos, perfumada. Tuve mucha gente haciéndome compañía. No quería y no podía estar sola.

Abrir los ojos y no verte acostado a mi lado, entrar a casa después de los paseos y no sentir la tele prendida y el olor a tu desodorante después de bañarte, me congelaba el alma. Ya no había saludos en la escalera, no más oírte abrir la puerta a eso de las seis y media de la tarde. El living quedó vacío. Saqué varios muebles, pero ese sillón donde siempre estabas, jugando a la consola o mirando juntos películas, quedó ahí, como el objeto más emblemático de tu paso por este departamento. Lo limpié, lo oscurecí, hasta le puse una funda. Pero así y todo, jamás pude volver a sentarme ahí.

Tampoco he vuelto a mirar películas los fines de semana, y hay canales del cable que todavía me producen una sensación extraña al pensar en verlos, porque estaban ahí, de fondo, en esa otra vida que tenía al lado tuyo, y ya no es más.

Pero un día, creo que algo se me adormeció adentro, porque dejé de sentir el nudo en la garganta y las lágrimas dejaron de aparecer. Yo no creo que el dolor se termine, nada de lo que nos daña o nos entristece realmente se va. Simplemente nos acostumbramos a convivir con eso, y se hace cotidiano, una parte más de nosotros mismos. Es una anestesia inconsciente, que nos permite seguir; porque a pesar de todo, la vida siempre sigue. Supongo que puedo decir que todo ésto no me mató; pero sí que algo se me murió adentro. Y eso es lo irreversible, y lo que más duele. Porque no se trata de perdón, ni de voluntad, ni de que un día quieras volver y yo lo quiera intentar. No, se rompió algo y muy dentro mío se que nunca me voy a olvidar de lo que descubrí, mentiras y cosas que ocultaste.

Ha sido extraño verte, volver a escuchar tu voz, después de meses separados. Es el efecto de la pausa, de la distancia entre los dos. Y esa persona que estaba todos los días al lado mío, ya no es la misma persona. Ya no nos saludamos igual, no hay abrazos, ni despedidas emotivas. De a poco el paso del tiempo hace su trabajo y nos convierte en dos extraños con una historia, un recuerdo, un pasado en común. Pero después de la tormenta, está claro que ya no somos quiénes éramos; ni vos, ni yo.

Cambio - fuera






11 sept 2016

sobre la distancia y el correr de los días

Ya pasó más de un mes desde nuestra primera charla, aquel 6 de agosto, a cuatro días de nuestro octavo aniversario. Tantas cosas en mi cabeza, dudas, miedos e inseguridades dieron inicio a esa conversación. No me arrepiento de ninguna de mis palabras, hablé con el corazón. Sirvió para que dijeras tantas cosas que antes no habías dicho o habías intentado negar. Valoro mucho que hayas podido sincerarte sobre tus verdades internas; aunque doliera entender que la relación llegó hasta donde lo hizo, porque yo siempre busqué recomponer las cosas. Dolió verte admitir que vos no me hubieras buscado en las oportunidades anteriores en que nos alejamos. Pero hablaste con tu verdad, y es algo muy valioso. Es lo que me hace entender que tengo que soltarte la mano, que ya no puedo buscarte ni escribirte más, aunque cueste que la persona que estuvo por ocho años a mi lado no sienta la necesidad de hablarme, entiendo que tu silencio, tu falta de contacto y tus "no mensajes" también son un mensaje, y muy claro.

El domingo almorzaste en casa de tu mamá, para contarle que nos íbamos a separar. Esa tarde volviste. Yo paseaba los perros con Marisol y no sé que fue, pero algo hizo darme vuelta; y te vi. Podría reconocer tu forma de caminar a metros de distancia. Y cuando volví a mirar, ya no estabas más. Salí a buscarte, miré y miré hasta que distinguí tu figura parada en la esquina. Apoyado contra el poste de señalización. Tenías la mirada perdida y supe entonces que no quería que te fueras. Que tu lugar era conmigo, y que éste era tu lugar, "tu lugar en el mundo" como lo solías llamar.

El lunes fue el límite. No sabía si iba a tener la fortaleza para seguir adelante con la decisión, pero sí sabía que no quería que te fueras. Y entonces hablaste con el corazón, diciendo que necesitabas estar solo. Y jamás podría hacer oídos sordos a esas palabras e insistir. Y sentí que quizás, por primera vez, estábamos iniciando un camino sin retorno. Aunque dijeras que ésto no era un hasta nunca, y que, si sentías que no podías estar sin mi, ibas a volver a buscarme. Ya conozco la respuesta, aunque no hayas dicho ni una sola palabra. Porque la vida se trata de elecciones, y no de necesidades.

Me quedo con el corazón triste, pero a la vez feliz. Y es que con todo lo que hemos pasado, no me queda ni un rastro de enojo y ni un indicio de rencor. No sé si algún día voy a curar mis heridas, ni si las dudas puedan despejarse. Quizás jamás vuelva a confiar, pero no siento enojo, ni odio, ni rencor. Me voy con el corazón lleno de todo lo bueno, y lo malo lo dejo. Me quedo con los recuerdos más hermosos de momentos que vivimos. De tu mirada hermosa el día que me diste el primer beso, de esos segundos en que te descubría mirándome con tanta ternura que me desbordaba el corazón, de esos momentos en los mirarte me llenaba de ternura el alma. De los abrazos y los "te amo mucho" de cada mañana al irte a trabajar, verte bajar la escalera y esperar hasta no verte más, para volver a entrar. Me quedo con la memoria de esa primer noche que pasamos juntos, que nos besamos en la cocina mientras el agua de la pava hervía y que me dormí agarrando con mi mano tu dedo pulgar. Tu sonrisa de aquél día en que hiciste el documento nuevo y en la dirección pusiste la dirección del departamento. Y esa mañana de mi cumpleaños, que abrí la puerta para encontrarme con un ramo de rosas. Y ese último abrazo, con tu mano acariciando mi espalda.

A veces pienso que tuve un papel en tu vida, y mi misión fue llegar en esa etapa justa en que tenías el corazón roto, para aliviarte el dolor, y para ser tu compañera cuando falleció tu papá. Esa fue la primera tarde que te vi llorar. Jamás antes me había dolido tanto un dolor ajeno. Lo hice mío también.

Me quedo con el corazón lleno de buenos recuerdos y amor. Te deseo la mejor de las suertes en éste viaje que estás iniciando y deseo que seas muy feliz. De corazón. Fuiste mi mejor amigo y mi gran amor.



17 ago 2016

De los dolores del alma

Hoy fue difícil levantarme. Duele encarar el día sabiendo que cuando baje el sol, no vas a venir. Y acá estoy, moviendo cosas, tratando de pasar por alto los espacios vacíos que dejaste. Y todos los recuerdos que me asaltan.
Duele el corazón, y se me enfría el alma al entender que no pudiste quedarte, que no pudiste elegirme para pelear juntos y superar los problemas de a dos. Me hubiera encantado  una promesa de cambio e intentar todo lo que querés intentar para superar los problemas, juntos. Y sin embargo, como persona, ya no como tu pareja, puedo entender la distancia. Y entiendo tus palabras cuando decís que no podés darme lo que necesito. Tenemos mucho por resolver, los dos. Y es innegable. Pero me hubiera llenado el corazón que la batalla la peleáramos juntos.

Admiro tu fortaleza para llevarte tus cosas, sin quebrarte. A mi me envolvió un desierto. Me envolvió la desolación. Quise dar un paso atrás, porque se lo que significa tu ausencia. Ya lo he sufrido. Y si hay algo que no logro imaginar nunca, es mi vida sin vos.

Pero acá estoy, con todos los pedazos de lo que alguna vez fuimos. Y todos los silencios aturdiendo. Mi familia rota, los planes que no fueron, tus errores y los míos flotando en el aire. Recuerdos asaltando mi memoria. Juro que quisiera que tus mentiras no me hirieran tanto. Jamás entendí que había atrás. Pero sí siento hoy, que yo no merezco eso.

El tiempo dirá como todo tiene que ser. No puedo quedar suspendida en el aire esperando. No creo que vayas a volver. Y si no pasa, no puedo más que desearte lo mejor. De corazón. Que puedas encontrar todas las respuestas que buscás y puedas espantar todos tus fantasmas. Sean cuales sean. Muchas cosas no pudiste decirme. Y eso duele. Pero no me queda más que aceptarlo y respetarlo.

Una vez saqué fotos de todos durmiendo. Yo siempre me acostaba última y los iba saludando uno a uno. Hasta llegar a vos, y dormirme a tu lado.
Un recuerdo de lo que fue, y ya no es hoy. Mi familia, mi manada.






"Me pierdo, pensando en nosotros y juro que no me arrepiento, de haberte entregado la vida, me queda lo bueno. Te miro a los ojos y sé que ha llegado el momento; y tiemblo"

Amor de sobra, felicidad y solamente lo mejor deseo para tu vida y vos.

Cambio - fuera







3 jun 2016

Cosas que te llenan el alma

Dejar tu nombre escrito en un papel y que la persona con la que estás hace casi 8 años escriba "te amo"

30 may 2016

Rubi Tubi

No me di cuenta que se nos terminaba el tiempo juntas. Fue tan abrupto, casi tirano. Como si alguien desde algún lugar, hubiera decidido que en ese momento exacto se terminara nuestra historia. Y ahora empieza el capítulo de dejar pasar los meses y acostumbrarme al dolor de tu ausencia.
El día que te vi por primera vez, apareciste de golpe, atrás mío, mientras paseaba mis perros. Y ahí estabas, paradita, con ese optimismo y simpatía que te salía por todos lados. Y seguiste ahí, mientras mis perros te ladraban en la cara. Supongo que ese fue el momento en que me elegiste. Y así empezaste a acampar afuera de casa. Con tu cuerpo flaquito, tu oreja mocha y tu boca sin casi dientes. Te di comida y traté tu sarna. Tenías un olor muy feo. Tardé una semana en sacarlo de la entrada.
Llegó el calor de enero y te hacía pasar al living para dormir la siesta. Ponía un mueble para que mis perros no pasaran y te atacaran y prendía un ventilador para que estés fresquita. Y así fue hasta que Negro y Poli se acostumbraron, y saqué el mueble, nos acompañabas en los paseos. No sabía como iba a mantener tres perros, me dijeron que te comprara un alimento más barato para vos, pero una vez que estuviste adentro, no podía hacer diferencias. Te puse una chapita, porque no podía llevarte con correa. Pero con el tiempo y después de salir corriendo a buscarte por varios lugares de la ciudad, tuviste tu correa y aprendí a pasearlos a los tres juntos. Varias veces me tiraron al suelo. Pero seguimos intentando y los cuatro pudimos organizarnos.
Pasaron los años y te pusiste viejita. Supongo que no lo vi al proceso. Pero estabas más intolerante, te molestaba que el Negro juegue, ante cualquier ruido ladrabas. Te hacías sentir todo el tiempo. Y ahora se nota tanto que no estás, Rubi.
El jueves fue nuestro último día juntas. Tuviste como una convulsión a la siesta y me buscaste. Te caíste al piso, cerca de donde estaba yo. Cuando te vi, me puse al lado tuyo y te acaricié, esperando que te normalizaras. Y en un minuto ya habías vuelto a ser vos. Ya habías tenido un episodio hace unos años y no había vuelto a repetirse. Pensé que era lo mismo, algo aislado. Pero qué equivocada estaba. Se había puesto en marcha el final de nuestra historia. Le escribí a la veterinaria y me recomendó que te de un calmante, que esperara para empezar con medicación para convulsiones. Nos fuimos a dormir la siesta y a la tarde ya estabas normal. Paseamos juntas, como siempre, todo parecía seguir su curso.
A la noche salimos con Germán, Negro y Poli. Vos siempre paseabas con él, cuando estaba en casa. Lo adorabas y preferías estar cerca de él todo el tiempo. Yo iba caminando adelante con el Negro. Y entonces escuché que Germán me llamaba y me di vuelta, para verte tirada en el piso. Volví corriendo y me puse al lado tuyo. Germán tuvo que alejarse porque Poli quería atacarte mientras estabas en el piso. Al principio te acaricié para calmarte, pensando que era otra convulsión. Pero me di cuenta que no estabas respondiendo. Vimos que respirabas, así que empecé a hacerte masajes cardíacos y respiración boca a boca. Estabas casi desvanecida, apenas escuchaba un jadeo y tu lengua estaba totalmente floja, afuera de tu boca. Pararon unos vecinos en auto y me ofrecieron ayuda. Te cargué como pude, ya no había ningún signo de tensión en tu cuerpo. Supe que te habías ido. Pero así y todo llegamos a la veterinaria e intentaron reanimarte. Yo te decía mientras te acariciaba "Rubi, volvé" Pero ya habías dicho basta. Ya te habías ido.
Te enterré en un terreno de mi familia. Dejé con vos tu collar, tus mantitas, la toalla que te regaló Germán y mis guantes, que fue lo último que sentiste esa noche antes de irte. Me dejé tu correa, que la llevo conmigo cada vez que salgo a pasear a Negro y Poli, y tu abriguito a cuadros, que lo abrazo cuando me acuesto a dormir. Tu platito rosado quedó vacío, arriba de la heladera. Dejaste mucha ausencia, rubia loca, y miles de recuerdos que siempre voy a llevar conmigo. Espero que donde estés, estés bien, aunque te imagino lejos y sola, sin nosotros, y me entristece tanto como vernos sin vos.
Espero que nos volvamos a encontrar. Te amamos Rubi Tubi, nunca nos vamos a olvidar de vos. Siempre te vamos a extrañar.