11 ene 2017

Cinco meses sin vos

Julio Cortázar decía que el peor sentimiento del mundo es no saber si esperar un poco más, o rendirse. Esas palabras me atraviesan el corazón. Sentí el momento de bajar los brazos llegar, pero una parte de mí no lo aceptó. Una parte de mí siguió esperando, y ese 6 de enero, a cinco meses de nuestra charla inicial aquél 6 de agosto, me encontró con la verdad, pegándome en la cara. Y tus palabras todavía resuenan en mi cabeza.

Han sido días muy tristes, un fin de año espantoso y se viene un cumpleaños de terror. Siento la tristeza que me paraliza, no tengo muchas ganas de hacer nada. Es la incertidumbre transformándose en certeza. Nos perdimos para no encontrarnos más. Ahora sé muy dentro mío, que no queda nada para solucionar.

Tus palabras... "Te amo, sos el amor de mi vida y la única mujer que veo como madre de mis hijos, pero no puedo definir nada" Nunca sentí un dolor tan grande. ¿De qué sirve tanto amor, si no alcanza para que estemos juntos?... "ojalá algún día pudiera venir y decirte que compré una casa y pedirte que vengas a vivir conmigo"... Y esas palabras tuyas, tampoco tienen sentido. Teníamos nuestro lugar, éste lugar que solías llamar tu lugar en el mundo, pero nunca lo sentiste tuyo.

Me dijiste que te estaba pesando el compromiso. Y yo entiendo de lo qué hablás. Porque por años todo fue simple y llevadero, porque yo no pedía nada y confiaba ciegamente en vos. Y vos quebraste mi confianza y cuando empecé a pedir cosas y a cuestionar, naufragaste. Ya no era fácil para vos estar a mi lado.
Duele ver lo injusto que fuiste. Yo te estaba dando todo, no es justo tu amor a medias, no fue justo que tuviera que pedirte tantas cosas que debieron salir de vos naturalmente y quizás por eso, cuando accediste a mis pedidos y no de buena gana, para mí no tuvo ningún valor, porque tuve que pedirlo. Hasta la única cosa que te dije que jamás te iba a pedir, lo tuve que hacer yo, hablar de casamiento.

Antes de irte, me pediste que me sentara en tu falda y nos abrazamos. Dijiste que me extrañabas, y mientras estábamos sentados, hice una regresión a todas las cosas lindas que pasamos. Pensé en cómo esperaba que se hiciera la hora para ir a tu casa, cuando recién empezamos a vernos. Miraba la hora, una y otra vez, Amaba las charlas, las comidas juntos, ir conociéndote, y siempre se me hacía eterno el tiempo mientras esperaba para encontrarnos. Eran tan sólo tres cuadras de distancia y las recorría fumando y comiendo caramelo. Vos me decías que los caramelos me iban a sacar el hambre. Supongo que con el tiempo, cuando viste cuánto como, habrás querido que me coma un kilo antes de ir. Recordé el medio kilo de helado que me comí ese sábado que había trabajado todo el día y estaba tan cansada. Pensé en ese 16 de diciembre, tu fecha de casamiento con tu ex pareja, y estabas acostado al lado mío, hablando de lo extrañas que son las vueltas de la vida. Vino a mi mente lo gracioso que fue descubrir que tu mamá se llama igual a la mía, y tu papá como el mío.
Te abracé fuerte mientras recordaba las cosas que cocinabas al wok, tus fritatas al horno, los helados en la cama, cuando todavía no dormía en el dormitorio de abajo. Las noches de películas que alquilábamos en el vídeo club. Tu expresión el primer día que entraste a mi casa y conociste mi mundo. Esa tarde que te pasé a buscar por tu casa, mientras paseaba a mi perro, y vinimos caminando juntos hasta acá. Pensé en la primer noche que comimos en el departamento. Esa tarde esperaba que pudieras ayudarme a acomodar y mudar las cosas de abajo. Pero no lo hiciste. Como las veces que esperaba que me ayudaras a acomodar las cosas para mi cumpleaños pero no me ayudabas a subir las sillas. Y entonces pensé en todo lo que acepté sin cuestionar, porque sabía que venías de un pasado doloroso, y pensé en cómo dejé de lado todo lo que yo esperaba y necesitaba, por no dañarte ni presionarte. Y esa es mi cuota de gran culpa. Si vos no supiste dar, yo tampoco supe pedir. Y cuando pedí, ya era tarde. Te abracé fuerte y lloraba por todas esas cosas, por quienes fuimos, por quienes no pudimos ser y quienes dejamos de ser.

Nos despedimos como siempre lo hacíamos. Y esperé parada en el marco de la puerta, mientras bajabas las escaleras,para verte saludar, antes de perderte de vista.

Creí que este encuentro podía tener otro desenlace. Imaginé que íbamos a tener nuestro viernes de pizza, sábado de sandwich, helado y películas. Nuestros domingos de mate y rosquitas. Pero no fue así. Fue una despedida. Con un regalo de por medio y una invitación al cine por mi cumpleaños...
"No estoy, pero estoy", me dijiste. No quiero regalos, ni salidas. Yo quiero que estés, y que estés. Quiero todo, o no quiero nada. Y vos "no podés definir nada"

Entendí que ya no hay nada más que esperar, y que es tiempo de rendirme. Y éste... éste fue mi último intento.

Cambio - fuera

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