9 oct 2016

Sobre mí, el paso de los días y los efectos de la distancia

Mi mamá siempre dice que la vida perfumada es mejor. Que una buena fragancia levanta el ánimo y la estima; que es un mimo para el alma.
Y así fue que el primer día que nos separamos, lo primero que hizo fue regalarme uno de sus perfumes, mi preferido. Ese que usé durante tantos años, hace ya mucho tiempo atrás.
Y salí cada mañana a pasear mis perros con olor a Cabotine. Los ojos hinchados, el corazón desconcertado y una piedra en la garganta; pero perfumada.
Mi amiga Alicia también cree en la teoría de las fragancias, y unas semanas más tarde me regaló otro perfume. Y así fui alternando, y también salía con olor a Alma, de Paula.

Y pasaron los días, las semanas. Llorando antes de dormirme, volviéndolo a hacer apenas abría los ojos. Para después arrancar mis mañanas con los paseos, perfumada. Tuve mucha gente haciéndome compañía. No quería y no podía estar sola.

Abrir los ojos y no verte acostado a mi lado, entrar a casa después de los paseos y no sentir la tele prendida y el olor a tu desodorante después de bañarte, me congelaba el alma. Ya no había saludos en la escalera, no más oírte abrir la puerta a eso de las seis y media de la tarde. El living quedó vacío. Saqué varios muebles, pero ese sillón donde siempre estabas, jugando a la consola o mirando juntos películas, quedó ahí, como el objeto más emblemático de tu paso por este departamento. Lo limpié, lo oscurecí, hasta le puse una funda. Pero así y todo, jamás pude volver a sentarme ahí.

Tampoco he vuelto a mirar películas los fines de semana, y hay canales del cable que todavía me producen una sensación extraña al pensar en verlos, porque estaban ahí, de fondo, en esa otra vida que tenía al lado tuyo, y ya no es más.

Pero un día, creo que algo se me adormeció adentro, porque dejé de sentir el nudo en la garganta y las lágrimas dejaron de aparecer. Yo no creo que el dolor se termine, nada de lo que nos daña o nos entristece realmente se va. Simplemente nos acostumbramos a convivir con eso, y se hace cotidiano, una parte más de nosotros mismos. Es una anestesia inconsciente, que nos permite seguir; porque a pesar de todo, la vida siempre sigue. Supongo que puedo decir que todo ésto no me mató; pero sí que algo se me murió adentro. Y eso es lo irreversible, y lo que más duele. Porque no se trata de perdón, ni de voluntad, ni de que un día quieras volver y yo lo quiera intentar. No, se rompió algo y muy dentro mío se que nunca me voy a olvidar de lo que descubrí, mentiras y cosas que ocultaste.

Ha sido extraño verte, volver a escuchar tu voz, después de meses separados. Es el efecto de la pausa, de la distancia entre los dos. Y esa persona que estaba todos los días al lado mío, ya no es la misma persona. Ya no nos saludamos igual, no hay abrazos, ni despedidas emotivas. De a poco el paso del tiempo hace su trabajo y nos convierte en dos extraños con una historia, un recuerdo, un pasado en común. Pero después de la tormenta, está claro que ya no somos quiénes éramos; ni vos, ni yo.

Cambio - fuera






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