18 mar 2017
11 ene 2017
Cinco meses sin vos
Julio Cortázar decía que el peor sentimiento del mundo es no saber si esperar un poco más, o rendirse. Esas palabras me atraviesan el corazón. Sentí el momento de bajar los brazos llegar, pero una parte de mí no lo aceptó. Una parte de mí siguió esperando, y ese 6 de enero, a cinco meses de nuestra charla inicial aquél 6 de agosto, me encontró con la verdad, pegándome en la cara. Y tus palabras todavía resuenan en mi cabeza.
Han sido días muy tristes, un fin de año espantoso y se viene un cumpleaños de terror. Siento la tristeza que me paraliza, no tengo muchas ganas de hacer nada. Es la incertidumbre transformándose en certeza. Nos perdimos para no encontrarnos más. Ahora sé muy dentro mío, que no queda nada para solucionar.
Tus palabras... "Te amo, sos el amor de mi vida y la única mujer que veo como madre de mis hijos, pero no puedo definir nada" Nunca sentí un dolor tan grande. ¿De qué sirve tanto amor, si no alcanza para que estemos juntos?... "ojalá algún día pudiera venir y decirte que compré una casa y pedirte que vengas a vivir conmigo"... Y esas palabras tuyas, tampoco tienen sentido. Teníamos nuestro lugar, éste lugar que solías llamar tu lugar en el mundo, pero nunca lo sentiste tuyo.
Me dijiste que te estaba pesando el compromiso. Y yo entiendo de lo qué hablás. Porque por años todo fue simple y llevadero, porque yo no pedía nada y confiaba ciegamente en vos. Y vos quebraste mi confianza y cuando empecé a pedir cosas y a cuestionar, naufragaste. Ya no era fácil para vos estar a mi lado.
Duele ver lo injusto que fuiste. Yo te estaba dando todo, no es justo tu amor a medias, no fue justo que tuviera que pedirte tantas cosas que debieron salir de vos naturalmente y quizás por eso, cuando accediste a mis pedidos y no de buena gana, para mí no tuvo ningún valor, porque tuve que pedirlo. Hasta la única cosa que te dije que jamás te iba a pedir, lo tuve que hacer yo, hablar de casamiento.
Antes de irte, me pediste que me sentara en tu falda y nos abrazamos. Dijiste que me extrañabas, y mientras estábamos sentados, hice una regresión a todas las cosas lindas que pasamos. Pensé en cómo esperaba que se hiciera la hora para ir a tu casa, cuando recién empezamos a vernos. Miraba la hora, una y otra vez, Amaba las charlas, las comidas juntos, ir conociéndote, y siempre se me hacía eterno el tiempo mientras esperaba para encontrarnos. Eran tan sólo tres cuadras de distancia y las recorría fumando y comiendo caramelo. Vos me decías que los caramelos me iban a sacar el hambre. Supongo que con el tiempo, cuando viste cuánto como, habrás querido que me coma un kilo antes de ir. Recordé el medio kilo de helado que me comí ese sábado que había trabajado todo el día y estaba tan cansada. Pensé en ese 16 de diciembre, tu fecha de casamiento con tu ex pareja, y estabas acostado al lado mío, hablando de lo extrañas que son las vueltas de la vida. Vino a mi mente lo gracioso que fue descubrir que tu mamá se llama igual a la mía, y tu papá como el mío.
Te abracé fuerte mientras recordaba las cosas que cocinabas al wok, tus fritatas al horno, los helados en la cama, cuando todavía no dormía en el dormitorio de abajo. Las noches de películas que alquilábamos en el vídeo club. Tu expresión el primer día que entraste a mi casa y conociste mi mundo. Esa tarde que te pasé a buscar por tu casa, mientras paseaba a mi perro, y vinimos caminando juntos hasta acá. Pensé en la primer noche que comimos en el departamento. Esa tarde esperaba que pudieras ayudarme a acomodar y mudar las cosas de abajo. Pero no lo hiciste. Como las veces que esperaba que me ayudaras a acomodar las cosas para mi cumpleaños pero no me ayudabas a subir las sillas. Y entonces pensé en todo lo que acepté sin cuestionar, porque sabía que venías de un pasado doloroso, y pensé en cómo dejé de lado todo lo que yo esperaba y necesitaba, por no dañarte ni presionarte. Y esa es mi cuota de gran culpa. Si vos no supiste dar, yo tampoco supe pedir. Y cuando pedí, ya era tarde. Te abracé fuerte y lloraba por todas esas cosas, por quienes fuimos, por quienes no pudimos ser y quienes dejamos de ser.
Nos despedimos como siempre lo hacíamos. Y esperé parada en el marco de la puerta, mientras bajabas las escaleras,para verte saludar, antes de perderte de vista.
Creí que este encuentro podía tener otro desenlace. Imaginé que íbamos a tener nuestro viernes de pizza, sábado de sandwich, helado y películas. Nuestros domingos de mate y rosquitas. Pero no fue así. Fue una despedida. Con un regalo de por medio y una invitación al cine por mi cumpleaños...
"No estoy, pero estoy", me dijiste. No quiero regalos, ni salidas. Yo quiero que estés, y que estés. Quiero todo, o no quiero nada. Y vos "no podés definir nada"
Entendí que ya no hay nada más que esperar, y que es tiempo de rendirme. Y éste... éste fue mi último intento.
Cambio - fuera
Han sido días muy tristes, un fin de año espantoso y se viene un cumpleaños de terror. Siento la tristeza que me paraliza, no tengo muchas ganas de hacer nada. Es la incertidumbre transformándose en certeza. Nos perdimos para no encontrarnos más. Ahora sé muy dentro mío, que no queda nada para solucionar.
Tus palabras... "Te amo, sos el amor de mi vida y la única mujer que veo como madre de mis hijos, pero no puedo definir nada" Nunca sentí un dolor tan grande. ¿De qué sirve tanto amor, si no alcanza para que estemos juntos?... "ojalá algún día pudiera venir y decirte que compré una casa y pedirte que vengas a vivir conmigo"... Y esas palabras tuyas, tampoco tienen sentido. Teníamos nuestro lugar, éste lugar que solías llamar tu lugar en el mundo, pero nunca lo sentiste tuyo.
Me dijiste que te estaba pesando el compromiso. Y yo entiendo de lo qué hablás. Porque por años todo fue simple y llevadero, porque yo no pedía nada y confiaba ciegamente en vos. Y vos quebraste mi confianza y cuando empecé a pedir cosas y a cuestionar, naufragaste. Ya no era fácil para vos estar a mi lado.
Duele ver lo injusto que fuiste. Yo te estaba dando todo, no es justo tu amor a medias, no fue justo que tuviera que pedirte tantas cosas que debieron salir de vos naturalmente y quizás por eso, cuando accediste a mis pedidos y no de buena gana, para mí no tuvo ningún valor, porque tuve que pedirlo. Hasta la única cosa que te dije que jamás te iba a pedir, lo tuve que hacer yo, hablar de casamiento.
Antes de irte, me pediste que me sentara en tu falda y nos abrazamos. Dijiste que me extrañabas, y mientras estábamos sentados, hice una regresión a todas las cosas lindas que pasamos. Pensé en cómo esperaba que se hiciera la hora para ir a tu casa, cuando recién empezamos a vernos. Miraba la hora, una y otra vez, Amaba las charlas, las comidas juntos, ir conociéndote, y siempre se me hacía eterno el tiempo mientras esperaba para encontrarnos. Eran tan sólo tres cuadras de distancia y las recorría fumando y comiendo caramelo. Vos me decías que los caramelos me iban a sacar el hambre. Supongo que con el tiempo, cuando viste cuánto como, habrás querido que me coma un kilo antes de ir. Recordé el medio kilo de helado que me comí ese sábado que había trabajado todo el día y estaba tan cansada. Pensé en ese 16 de diciembre, tu fecha de casamiento con tu ex pareja, y estabas acostado al lado mío, hablando de lo extrañas que son las vueltas de la vida. Vino a mi mente lo gracioso que fue descubrir que tu mamá se llama igual a la mía, y tu papá como el mío.
Te abracé fuerte mientras recordaba las cosas que cocinabas al wok, tus fritatas al horno, los helados en la cama, cuando todavía no dormía en el dormitorio de abajo. Las noches de películas que alquilábamos en el vídeo club. Tu expresión el primer día que entraste a mi casa y conociste mi mundo. Esa tarde que te pasé a buscar por tu casa, mientras paseaba a mi perro, y vinimos caminando juntos hasta acá. Pensé en la primer noche que comimos en el departamento. Esa tarde esperaba que pudieras ayudarme a acomodar y mudar las cosas de abajo. Pero no lo hiciste. Como las veces que esperaba que me ayudaras a acomodar las cosas para mi cumpleaños pero no me ayudabas a subir las sillas. Y entonces pensé en todo lo que acepté sin cuestionar, porque sabía que venías de un pasado doloroso, y pensé en cómo dejé de lado todo lo que yo esperaba y necesitaba, por no dañarte ni presionarte. Y esa es mi cuota de gran culpa. Si vos no supiste dar, yo tampoco supe pedir. Y cuando pedí, ya era tarde. Te abracé fuerte y lloraba por todas esas cosas, por quienes fuimos, por quienes no pudimos ser y quienes dejamos de ser.
Nos despedimos como siempre lo hacíamos. Y esperé parada en el marco de la puerta, mientras bajabas las escaleras,para verte saludar, antes de perderte de vista.
Creí que este encuentro podía tener otro desenlace. Imaginé que íbamos a tener nuestro viernes de pizza, sábado de sandwich, helado y películas. Nuestros domingos de mate y rosquitas. Pero no fue así. Fue una despedida. Con un regalo de por medio y una invitación al cine por mi cumpleaños...
"No estoy, pero estoy", me dijiste. No quiero regalos, ni salidas. Yo quiero que estés, y que estés. Quiero todo, o no quiero nada. Y vos "no podés definir nada"
Entendí que ya no hay nada más que esperar, y que es tiempo de rendirme. Y éste... éste fue mi último intento.
Cambio - fuera
18 dic 2016
Sobre las cosas que nadie te dice
Los sabios consejos recomiendan siempre luchar por la persona que se ama, pero no te explican qué hacer cuando es la otra persona la que no quiere enfrentar los problemas de a dos. Tampoco nadie habla del después. De cómo a pesar de las decepciones,la distancia y la tristeza, los sentimientos siguen presentes. Qué el amor y los recuerdos se quedan con uno; no se van con la persona que se aleja. Y es que dónde manda el corazón, la razón y la lógica no tienen peso.
Tampoco nadie te alerta de que, en realidad, no podemos elegir a quién querer y a quién no. El amor sucede cuando menos lo esperamos, sin buscarlo, y también, hay veces que el amor no pasa.
Pasaron más de 4 meses de la separación. Ya casi no hay lágrimas, tampoco angustia. Ya no me paralizo ante la idea de un futuro separados; sin embargo cuesta imaginarlo así, la distancia duele, los sentimientos no se mueren y extraño. Llegan esos días en los que quisiera que mi vida fuera como antes, cuando todo estaba bien. Nuestra rutina, su presencia, su compañía, las charlas...
Ninguna persona es igual a otra, y me produce tristeza saber que nunca voy a generar otro vínculo igual. Por suerte sé estar sola. La soledad no me molesta. Tengo un master en disfrutar sólo de mi propia compañía desde mi infancia. Y me hace ver con claridad que formar una relación fue una elección. Elegí estar con él, lo elegí a él, porque lo sentí mi par, la persona más compatible que conocí en mi vida. Elegí dejar de estar sola para estar con alguien a quién amé desde el preciso segundo en que cruzamos miradas. Y no fue fácil salir de mi soledad, y aprender a compartir. Pero construimos algo. Y quizás no hay un futuro para los dos juntos, quizás fallamos en muchas cosas y quizás recibí menos de lo que necesitaba, quizás no pudo darme todo lo que él hubiera querido, pero nunca voy a tener dudas de que el amor que tenemos el uno por el otro es genuino. Y acá es dónde resuena en mi cabeza otra de esas verdades brutales que pocos te dicen: el amor a veces no alcanza para mantener unidas a las personas.
Mis días pasan generalmente en tranquilidad. Con algunos trabajos, cambiando cosas en mi casa, he pintado las sillas y el mueble de la cocina. Paso tiempo con amigas, sigo tejiendo, empecé el tratamiento de las piernas, sigo ejercitando en casa y para navidad mi papá me regaló un tele LG smart 4k, así que me he iniciado en el vicio de netflix. Y lo estrené mirando el episodio 1 de la primer temporada de The Walking Dead.
Y así me encuentra diciembre. No sé lo que viene, duele lo que queda atrás, pero vivo así mis días, enfocada en el presente.
Cambio - fuera
Tampoco nadie te alerta de que, en realidad, no podemos elegir a quién querer y a quién no. El amor sucede cuando menos lo esperamos, sin buscarlo, y también, hay veces que el amor no pasa.
Pasaron más de 4 meses de la separación. Ya casi no hay lágrimas, tampoco angustia. Ya no me paralizo ante la idea de un futuro separados; sin embargo cuesta imaginarlo así, la distancia duele, los sentimientos no se mueren y extraño. Llegan esos días en los que quisiera que mi vida fuera como antes, cuando todo estaba bien. Nuestra rutina, su presencia, su compañía, las charlas...
Ninguna persona es igual a otra, y me produce tristeza saber que nunca voy a generar otro vínculo igual. Por suerte sé estar sola. La soledad no me molesta. Tengo un master en disfrutar sólo de mi propia compañía desde mi infancia. Y me hace ver con claridad que formar una relación fue una elección. Elegí estar con él, lo elegí a él, porque lo sentí mi par, la persona más compatible que conocí en mi vida. Elegí dejar de estar sola para estar con alguien a quién amé desde el preciso segundo en que cruzamos miradas. Y no fue fácil salir de mi soledad, y aprender a compartir. Pero construimos algo. Y quizás no hay un futuro para los dos juntos, quizás fallamos en muchas cosas y quizás recibí menos de lo que necesitaba, quizás no pudo darme todo lo que él hubiera querido, pero nunca voy a tener dudas de que el amor que tenemos el uno por el otro es genuino. Y acá es dónde resuena en mi cabeza otra de esas verdades brutales que pocos te dicen: el amor a veces no alcanza para mantener unidas a las personas.
Mis días pasan generalmente en tranquilidad. Con algunos trabajos, cambiando cosas en mi casa, he pintado las sillas y el mueble de la cocina. Paso tiempo con amigas, sigo tejiendo, empecé el tratamiento de las piernas, sigo ejercitando en casa y para navidad mi papá me regaló un tele LG smart 4k, así que me he iniciado en el vicio de netflix. Y lo estrené mirando el episodio 1 de la primer temporada de The Walking Dead.
Y así me encuentra diciembre. No sé lo que viene, duele lo que queda atrás, pero vivo así mis días, enfocada en el presente.
Cambio - fuera
16 oct 2016
Buscando seguir
Adriana, mi ex psicóloga, me repetía que mi don era hacer cosas bellas con el dolor. Me hizo ver mi capacidad de lograr cosas positivas, aunque a mi alrededor todo se derrumbara.
Y esta vez, fue un derrumbe importante, y por un tiempo, me quedé con esa sensación de no saber que hacer con las ruinas. Y quedé como suspendida, esperando algo. Quizás que decidieras volver, quizás que te dieras cuenta que era más grande lo que sentías por mí, que lo que te estaba confundiendo, y que quizás pudiera ser suficiente para encontrar la forma de cambiar, juntos.
El ropero que usabas, quedó vacío por un mes. Hasta que un día pude sacar algunas de mis cosas, y ocuparlo con mis zapatos y ropa. El mismo día que logré sacar tu desodorante que dejaste sobre la mesa de luz. Ayer cambié el canal de la tele del dormitorio, el canal que dejaste puesto la última vez que lo prendiste. Y pasó de C5N a Fox.
Pude seguir con mis ejercicios, aunque no siguiera yendo al gimnasio, y después de cinco meses, mis abdominales están marcados. He podido re-ordenar el living, cambiar algunos muebles y volverlo habitables una vez más. Aunque todavía no logre usarlo. Pero me da satisfacción haber ideado algo en mi mente, y que hoy esté concretado.
He dejado de lado los dibujos, aunque he intentado hacer algunas cosas con el tema, no he tenido resultados favorables. Pero me doy cuenta, que todo es cuestión de tiempo. Y que de a poco, paso a paso, he podido salir del estado de parálisis. Quizás sea que ya no espero nada o tal vez pude entender que éste es mi presente, las ruinas, y que la única posibilidad de transformación proviene de esas ruinas. Tal vez, hay que caerse y todo tiene que romperse, para poder encontrarnos a nosotros mismos, o para recordarnos que en realidad en nuestro interior hay fortaleza, aunque por momentos he creído que no la tenía, hoy sé que ahí está.
Pude ir al médico y hacerme todos esos chequeos que jamás hice antes. Estoy completamente sana. Todo salió perfecto, a excepción de la vitamina D. La tengo un poco baja. Pero en resumen, soy una flaca muy sana. Ya pedí turno para hacerme el tratamiento en las piernas, salí a comprar jeans nuevos y voy a seguir haciendo todo lo que me haga sentir bien y me sirva para cuidarme y sentirme mejor.
Maruja, la bruja que te empuja, sin saberlo, creo, me ayudó con el tema de las películas y los fines de semanas. Nos miramos una película en su casa, con galletitas y facturas de por medio. Y el viernes, volví a comer helado, con ella y su "aún no se quieren poner títulos". Me alegra el alma verlos. Yo vi cómo su mundo se vino abajo después de su separación. Y hoy, la veo reconstruida, y me hace feliz.
Dejo algunas fotos de algunas de las cosas que he ido contando y otras que he ido sacando después de la separación. Y cierro mi post con un deseo que alguna vez leí en uno de mis diarios de la adolescencia: Que todo esto pase y pueda mirar hacia atrás y recordar sin sentir dolor, sin llorar.
Cambio - fuera
Y esta vez, fue un derrumbe importante, y por un tiempo, me quedé con esa sensación de no saber que hacer con las ruinas. Y quedé como suspendida, esperando algo. Quizás que decidieras volver, quizás que te dieras cuenta que era más grande lo que sentías por mí, que lo que te estaba confundiendo, y que quizás pudiera ser suficiente para encontrar la forma de cambiar, juntos.
El ropero que usabas, quedó vacío por un mes. Hasta que un día pude sacar algunas de mis cosas, y ocuparlo con mis zapatos y ropa. El mismo día que logré sacar tu desodorante que dejaste sobre la mesa de luz. Ayer cambié el canal de la tele del dormitorio, el canal que dejaste puesto la última vez que lo prendiste. Y pasó de C5N a Fox.
Pude seguir con mis ejercicios, aunque no siguiera yendo al gimnasio, y después de cinco meses, mis abdominales están marcados. He podido re-ordenar el living, cambiar algunos muebles y volverlo habitables una vez más. Aunque todavía no logre usarlo. Pero me da satisfacción haber ideado algo en mi mente, y que hoy esté concretado.
He dejado de lado los dibujos, aunque he intentado hacer algunas cosas con el tema, no he tenido resultados favorables. Pero me doy cuenta, que todo es cuestión de tiempo. Y que de a poco, paso a paso, he podido salir del estado de parálisis. Quizás sea que ya no espero nada o tal vez pude entender que éste es mi presente, las ruinas, y que la única posibilidad de transformación proviene de esas ruinas. Tal vez, hay que caerse y todo tiene que romperse, para poder encontrarnos a nosotros mismos, o para recordarnos que en realidad en nuestro interior hay fortaleza, aunque por momentos he creído que no la tenía, hoy sé que ahí está.
Pude ir al médico y hacerme todos esos chequeos que jamás hice antes. Estoy completamente sana. Todo salió perfecto, a excepción de la vitamina D. La tengo un poco baja. Pero en resumen, soy una flaca muy sana. Ya pedí turno para hacerme el tratamiento en las piernas, salí a comprar jeans nuevos y voy a seguir haciendo todo lo que me haga sentir bien y me sirva para cuidarme y sentirme mejor.
Maruja, la bruja que te empuja, sin saberlo, creo, me ayudó con el tema de las películas y los fines de semanas. Nos miramos una película en su casa, con galletitas y facturas de por medio. Y el viernes, volví a comer helado, con ella y su "aún no se quieren poner títulos". Me alegra el alma verlos. Yo vi cómo su mundo se vino abajo después de su separación. Y hoy, la veo reconstruida, y me hace feliz.
Dejo algunas fotos de algunas de las cosas que he ido contando y otras que he ido sacando después de la separación. Y cierro mi post con un deseo que alguna vez leí en uno de mis diarios de la adolescencia: Que todo esto pase y pueda mirar hacia atrás y recordar sin sentir dolor, sin llorar.
Cambio - fuera



















