Es algo que nunca pude, ni podré masterizar. Es algo lejano, inalcanzable, casi utópico para mi pelo y yo. Son frustrantes esos días que le siguen a la salida de la peluquería, después de lavarte el pelo, cuando ves que jamás nunca vas a volver a quedar como en el segundo cero que te retiraste del salón.
Me han dicho que tengo el pelo poroso, yo creo que padezco del síndrome del Rey León. Tengo una melena con vida propia, rebelde, indómita. He pasado por todas las marcas de shampoo y acondicionador que existen. Caras y baratas. Sin resultado alguno, bueno, al menos no el esperado, y ciertamente muy lejano del que prometen en las publicidades. ¿Por qué me mienten? O será que tengo pelo mutante?
Hace unas semanas empecé a usar los productos que usa la peluquera del barrio. Y, harta de esperar un cambio, hoy me saqué fotos después de lavarme el pelo con dichos productos, de ponerme un protector térmico y de hacerme un fallido intento de brushing; y la única recurrente solución, es atarme el pelo.
Nos sentimos frustradas, mi peluca y yo.
Cambio - Fuera


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