Jueves 10 de Julio:
El reloj había superado la barrera de las 7 pm, la oscuridad avanzaba y ya no había casi clientes. Apenas unos minutos antes, estaba manifestando mi aburrimiento. Ahora entiendo que debí haberme callado y disfrutar el tranquilo momento. Pero no fue así, y a los pocos minutos entraron en estampida 3, menores, una de las cuales estaba sosteniendo una conversación vía celular.
- Entonces esa foto, ¿de que tamaño?, ajá, ajá, dale apurate que la chica (es decir yo) nos está esperando. Bla bla bla.
Minutos más tarde, se suman dos adultos jóvenes. Un masculino delgado y una fémina excedida de peso, con una calza entongada en el traste, mal teñida y con muy mal olor.
Y así fue que inició mi pesadilla, con cuatro de las cinco personas rodéandome sin dejarme casi espacio para respirar.
¿Qué querían? bueno, una de esas cosas idiotas que escapan a mi comprensión. Poner a una mujer que estaba en una foto, con su pareja que estaba en otra foto, juntos.
Digo yo, no es más facil sacarse una foto JUNTOS? ¬¬
Pero claro, elegir las fotos no fue tarea sencilla, porque claro, estaban rodeados de la pulga del piojo del perro de la prima. Así que les anuncio que las fotos que querían no servían porque iban a quedar cortadas por todas partes. Y saben... podría pasar horas regenerando torsos, brazos, manos que están cubiertos por otros cuerpos. Finalmente una foto del masculino resultó apropiada, mientras que la foto de la mujer no, simplemente porque tenía muy baja calidad, así que con mi máxima paciencia les expliqué que no tenía sentido recortarla porque al agrandarla se iba a llenar de pixeles y se iba a notar la diferencia de calidad entre imágenes... pero no podían entenderlo.
- Si no me mostrás, no puedo imaginármelo.
Como la blonda figura me miraba de mala manera y creí que iba a sentarse encima mío y aplastarme, respiré profundo y recorté la foto, la puse junto a la imagen del hombre y ahí quedó claro de lo que estaba hablando. El cuerpo de la mujer, tenía el tamaño de la cabeza del hombre que estaba en la otra foto. La agrandé y pudieron ver todos los cuadraditos en la imágen, que ya ni permitían reconocer rasgos en la foto de baja calidad.
Ingenuamente creí que mi pesadilla había terminado; pero no. Porque había llevado una bolsita comprada en un cotillón, con la siguiente imagen:
Y claro, quería que pusiera la foto de un bebé real, exactamente con ese número, en esa posición. Y bueno, aunque no es necesario explicar, la foto por supuesto tenía una calidad espantosa. Pero no dije nada, aunque una de las cuatro personas que la acompañaban señaló que la imagen estaba movida. Yo estuve de acuerdo y le pregunté si aún así quería usar esa foto para el trabajo. Y como no podía ser de otra fucking manera, la respuesta fue "sí".
Terminé de recortar, armé el diseño, y le pregunté si quería modificar algo más, si quería agregar algo más. La respuesta fue no.
Como ya habían pasado algunos minutos del horario de cierre, le propuse hacer la impresión y el inmantado para el día siguiente.
Ese jueves llegué tensionada a casa, con un leve dolor en el cuello. Tomé ibuprofeno.
Viernes 11 de julio:
No imprimí ni hice nada hasta que no se presentaron; y como era de esperar, sí, querían realizar cambios. Los cuales fueron pedidos telefonicamente. Pero de igual manera, no imprimí nada hasta que vieran esas modificaciones.
Terminado ese tema, por supuesto, volvieron a torturarme con el fotomontaje de la pareja. Trajeron otra foto, les advertí de nuevo que no tenía calidad, pero insistieron en que lo hiciera. Así que recorté rápido, les mostré que quedaba mal y que se notaba la diferencia de calidad. Igual quisieron que la imprimiera, y así lo hice, porque francamente lo único que quería es que se fueran y dejaran de torturarme el olfato y la paciencia.
Ese día me dolió el cuello todo el día. Hasta viene a mi mente el momento en que le dije a un compañero: "me duele el cuello" y su respuesta fue: "sacatelo".
Saben, me sonó ingeniosa la respuesta, hasta tentadora. No estaría mal tener un cuello a rosca y poder cambiarlo cuando molesta.
Ese día volví a tomar ibuprofeno.
Sábado 12 de Julio:
A la mañana fui a trabajar, como siempre. La contractura no era realmente fuerte, puedo definirla como una molestia en ese momento. A la tarde me crucé al departamento de mi amiga Marisol. Cuando estaba saliendo de casa, bajando las escaleras, pisé mal y revalé. Caí sentada y sentí un dolor fuerte en el cuello. Pero me paré y seguí camino. Estuve sentada un buen rato, charlando con mi amiga y de a poco fui sintiendo que se me entumecía la nuca. Así que volví a casa y tomé un diclo.
Domingo 13 de Julio:
A la tensión se sumó el dolor. Ya no podía mover la cabeza hacia los costados, hacia adelante ni atrás. Dura como robocop fui a comprar comida, almorzamos con mi novio (las cosas se solucionaron pero esa historia será parte de otro post) y me acosté a dormir un ratito antes de que empezara el partido de Argentina vs. Alemania. Me desperté sin cambio alguno. Seguí tomando diclofenac, y para cuando el partido terminó me quedé dormida en el sillón.
Me desperté y tenía el cuello torcido. Se me caían las lágrimas del dolor al intentar enderezarlo.
Lunes 14 de Julio:
No podía levantarme de la cama. Al más mínimo movimiento me moría de dolor. Es algo dificil de explicar. Solamente quienes han tenido una contractura jodida pueden entender de lo que estoy hablando. Para entonces tenía el cuello doblado hacia la izquiera y hacia adelante.
A esta altura era más que obvio que el diclofenac vía oral no me estaba haciendo nada. Así que fui a la guardía de la clínica y me inyectaron diclo más un relajante muscular y me indicaron 2 días de reposo. Pero como me creo mujer maravilla, llamé al trabajo y dije que si para la tarde estaba bien volvía a trabajar. Y francamente (no sé si soy tarada o ilusa) creí que el inyectable iba a hacer magia y podría ir a trabajar fresca, como si nada.
Martes 15 de Julio:
Pero claro, resultó que el inyectable no era mágico y que estoy muy lejos de ser mujer maravilla. Me llaman del trabajo diciendo que no podía ser que no fuera a trabajar si había dicho que me reincorporaba la tarde anterior y que necesitaban saber que iba a hacer, porque el día anterior había sido un caos de gente y bla bla. Ya a esta altura no tenía respuesta, jamás antes me pasó de sufrir una contractura tan fuerte y prolongada. Y mi respuesta fue tan sincera y simple: "Creí que iba a poder ir, pero sigo sin poder enderezar la cabeza, no puedo estar parada, no puedo estar sentada" "voy a tener que ir a un traumatologo, pero sinceramente no sé como va a seguir la historia"
Y así partimos mi cuello doblado, mi señor padre y mi señora madre a un centro especializado en enfermedades oseas. Pero tenía tan doblado el cuello que no podían hacerme radiografías. Así que me mandaron 3 inyectables y la orden para hacerme las placas al día siguiente, si el cuello se enderezaba. El médico que me vio quiso ponerlo en su lugar, y me agarró la cabeza para acomodarla y quedé derecha por unos... 5 minutos. Después volvió a estar como antes.
Como estaba a dos cuadras del trabajo y me había quedado preocupada por el llamado de esa mañana fui a hablar con el encargado para decirle que realmente se me había ido de las manos el asunto y no sabía que iba a pasar. Que si tenían que llamar a otra persona, que lo hicieran, porque yo no estaba en condiciones de definir nada en ese momento.
Miercoles 16 de Julio:
Cuando pude levantarme de la cama, mi cuello estaba derecho. Ya había recibido dos inyectables y había dormido como un oso. Así que pensé que esa tarde ya iba a estar lista para ir a trabajar. Me dolía mucho, pero ya he ido a trabajar enferma, con gripe, con contracturas, así que para mi, tener el cuello derecho era el fin de la historia (me inclino a creer que soy ilusa).
Me bañé y salí para la clínica contenta. Casi con ganas de gritar "miren, tengo el cuello derecho" Y entonces me hicieron las placas y todo salió mal.
Diagnóstico: Cervicobraquialgia. La primer vértebra de mi cuello no tiene casi flexibilidad. Varía en unos pobres milimetros la distancia cuando está derecha y cuando está flexionada.
Las palabras del doc: "si en una semana no pasa, vamos a tener que hacer una resonancia porque puede que tengas una hernia de disco" (plaf! primer cachetazo).
"Tenés que hacer una semana de reposo" (plaf! segundo cachetazo)
"Y, querida, vas a tener que usar un collar ortopédico" (plaf! tercer cachetazo)
"Proablemente mucho más que una semana" (K.O)
Y sí, ahí empecé a llorar, y así llegué hasta la mesa de entrada para pedir un turno de control.
-¿Te parece para el miércoles a las 7:30? ¿ó es muy temprano? - "Mirá que a el que madruga Dios lo ayuda"
- Menos a mí, que me mandó un collar cervical.
Cuando llegué a casa llamé al trabajo, avisé de los días de reposo, mandé los certificados médicos y a la tarde llamé al instituto de traumatología para cambiar el turno para el lunes, porque si me dan el alta el miércoles ya puedo ir a trabajar y no quisiera llegar tarde.
Anoche terminé los inyectables (eran 6 en total, 3 antes de hacer las placas) Hoy viernes, ya no siento dolor constante. Tengo puntadas esporádicas en el cuello, hombros y espalda. Pero al fin me siento un poco mejor. Ya terminé los inyectables por lo que hoy he estado despierta por varias horas.
Si tuviera que ponerle un nombre a todo este episodio, lo llamaría "los peores días de mi vida". Extraño mi rutina, mis compañeros, mi autonomía y sentirme bien.
Así que en fín, mientras espero un final feliz, aquí estamos los tres: mi nuca, mi collar y yo.
cambio - fuera



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