17 nov 2013

Una entrada sin título

No encuentro las palabras justas para iniciar éste escrito. Ni siquiera puedo pensar en un título y es que es tan difícil hablar sobre esas cosas que "algún día" pueden pasar, pero que uno espera que no pasen. Y se cree impune, excento de las reglas, de los giros inesperados, de las fatalidades de la vida.

El lunes 11 de noviembre falleció el papá de mi novio. Vinieron días muy tristes, dificiles, tan indigeribles que uno cree que si se duerme, al despertarse todo va a ser un mal sueño. Pero no pasa. Ya saben mi historia, yo no tenía casi contacto con su familia. Me presentó a sus viejos el 31 de diciembre del 2012, más de 4 años después de haber iniciado nuestra relación. Y sin embargo, me duele el alma. Aunque no vaya a entender su ausencia, ni sentir heridas propias, nunca antes en mi vida me había dolido tanto un dolor ajeno.

Cruzó la puerta de mi casa ese lunes, y estaba roto, desarmado, sin consuelo. Por primera vez en cinco años lo vi llorar. Verlo así me perforó el alma, nunca antes experimenté semejante sensación.
Una cirugía programada, estudios previos realizados y de repente su viejo ya no estaba. No puedo decir mucho, nada sirve, sólo quise y quiero acompañarlo.

Me llevo en mi memoria su imagen, sus manos apoyadas sobre el cajón, sus lágrimas, y esa última frase que pronunció mientras lo veía de espalda, caminando con su mamá y su hermano: "Quiero verlo una vez más" - Uno va por la vida haciendo y dejando de hacer cosas porque quiere, o no quiere. Pero la muerte es definitiva y nos humilla, porque hay cosas que ya no vamos a hacer, sin importar nuestra voluntad. Simplemente ya no tenemos opción. No hay vuelta atrás.

Fueron días muy dificiles para mí, porque tuve que insistir para acompañarlo. Sin saber que lugar ocupaba, si era correcto estar con él cuando practicamente nadie de su familia me conocía, ni sus amigos. Una extraña, ajena. Me encontré con mensajes como "acostate tranquila si estás cansada. O si querés venir avisame". Le había pedido que me avisara cuando fuera a la sala de velatorios y como no me escribía yo mandé mensaje y recibí esa respuesta. Al día siguiente pasó algo similar. Pero para mi no era una opción, tengo la incondicionalidad de un perro. Y entonces conocí todo su mundo y las personas que lo rodean en el peor momento de su vida. Nunca hago reclamos, pero entendí lo atípica que ha sido nuestra relación en ese momento, al ser una extraña dentro del círculo de la persona que ha estado al lado mío por cinco años.

Hoy las cosas han cambiado mucho, él cambió mucho. A pesar de las barreras, después me hizo sentir por primera vez, con acciones y no con palabras, que me quiere al lado suyo. Por primera vez me presentó como su novia a todo el mundo, por primera vez en años me agarró de la mano y caminamos juntos. No sé si este cambio sea temporal o permanente.

Sólo el tiempo tiene la respuesta.

Cambio - fuera

2 comentarios:

Summer dijo...

Se me herizó la piel de solo leer.
Que difícil momento.
Seguí ahí, que cuando las aguas calmen (muy lentamente) va a quedar lo mejor. Vas a ver.

Ya sabés que lo que necesites, acá estoy.
No uno, si no DOS abrazos de Mol :)

Mente de Mar dijo...

Gracias Meli, otro abrazo para vos.

Siempre de buena madera, siempre trayendo luz. Te quiero mucho