A veces cosas, gestos muy pequeños, se vuelven gigantes. Soy una persona autosuficiente, he prendido a vivir sin necesitar a otras personas. Especialmente después de empezar a trabajar, la plata te amplía los horizontes. Cuando digo que soy autosuficiente, significa que el noventa y nueve por ciento de las veces hago las cosas sola, sin pedir ayuda. Y si pido ayuda, significa que intenté por todos los medios posibles hacer las cosas por mi cuenta pero fue imposible, realmente imposible lograrlo.
Jamás tomo el camino corto, no tomo atajos y generalmente cuando algo me es facilitado no lo disfruto, sino que me deja con sabor a insatisfacción por no haberlo adquirido por mi propia cuenta. Lejos de enorgullecerme, me hace la vida complicada. La incapacidad de aceptar ayuda, una mano que te alivie el peso a veces me abruma. Es no confiar en nadie para un favor, un pedido, una tarea, y si lo hago, es porque no me queda más opción, porque me es imposible hacerlo yo sola.
Ayer la veterinaria de mi perro me regaló el antiparasitario para María, la perrita que andaba dando vueltas por la zona. Duerme en la entrada de casa, le estoy curando un ojo que tenía enfermo y la estoy alimentando. Estoy haciendo sacrificios porque las cosas en el trabajo durante el verano son malas. Muy poca actividad, lo que significa que a fin de mes hay muy poca plata, o quizá nada. Un emprendimiento propio tiene esa desventaja.
Acepté con gusto la ayuda, quizá porque no era realmente para mi y porque ayudar animales abandonados a mi no me trae ningún beneficio. Lo hago desde el alma, porque el desamparo me conmueve hasta los huesos, porque la desprotección me congela. Es invertir tiempo y dinero a cambia de nada para mi. Pero cuando alguien le abre la puerta de su hogar y adopta a estos perros que he ayudado, la satisfacción que siento no puede compararse con ninguna recompensa que pueda imaginar. Siento que cada uno de los esfuerzos que hice valen la pena por completo.
Las cosas por acá no se ven bien en ningún aspecto de mi vida. Laboralmente estoy hasta el cuello, pensando seriamente conseguir un trabajo por la tarde o dejár mi trabajo actual por otro donde sea una simple empleada que todos los meses cobra un sueldo fijo, y no la empleadora que paga a todos por cumplir sus funciones y cuando llega fin de mes, nunca sabe cuanto hay recaudado.
Por otro lado, veo como mi relación de a poco se apaga. Hoy siento estar porque estoy. Se van las palabras, las miradas, las caricias hasta convertirme en un cuerpo que está al lado del otro.
- No te sacaste la lotería conmigo - dije
- No, no sueño con la lotería - Respondió - Y vos tampoco te la sacaste conmigo.
- No, no sueño con la lotería - Le copié
- Y con qué soñás?
- La verdad, no tengo sueños. Muchas veces ya no sé dónde estoy pisando. Ya no proyecto. Vos?
- Uhhh, que respuesta dura! - Yo sueño con felicidad, bienestar, paz, tranquilidad y vos.
Entonces idiotamente pensé que iba a decir algo tierno, lindo.
- Y que soñás conmigo? - Pregunté
- Ahhh tantas cosas
- Que cosas?
- Que te sentás arriba mío y te movés como a mi me gusta.
No sólo vine última en su lista de sueños, sino que también al hablar de mí, no lo hizo como con el resto de las cosas, cosas que quería para su vida.
- Ah, estás hablando en joda. Pensé que ibas a decirme algo serio...
6 comentarios:
Qué dificil, no? y qué pena..
Besos Mar, re besos.
me quedé pensando :S
ayer me encontré con una ex compañera de la secundaria, me invitó a jugar un pool y como francamente estaba aburrido acepté.
Me dí cuenta de que ella me seguía tratando de la misma manera como hace más de 10 años, yo era el chico vivo según ella, Yo siempre me había considerado un nerd, y a ella una hipernerd.
El tiempo, insospechadamente nos cambió.
A qué viene esto? No sé.. :S
me quedé con gusto amargo en la boca después de leerte.
Complicado cuando pasan esas cosas.
Es como estar al lado de una pared, aislado.
Te sigo.
Saludos!
Hace poco también me puse en contacto con una amiga de la secundaria, en realidad de toda la vida, nos conocimos a los 5 años en jardín. No la noté cambiada, pero sabés, firmemente creo que así como el cuerpo envejece, el alma, eso que nos anima por dentro, también lo hace. Quedan marcas que nos transforman.
Besos!
Emiliana, gracias. Se siente como aislamiento, pero a veces me pregunto si esa pared no seré yo, si esa forma de ser que tiene no me llevó a estar como dormida, quieta, sin esperar nada.
Tu nombre me trajo tanta alegría, mi compañera de juegos de barrio, cuando era chica, se llamaba así.
saludos!
Son situaciones que nos tocan enfrentar de vez en cuando! me gustó tu blog!!
Así es, así es... de vez en cuando la vida nos patea el traste. Gracias por pasar, tu blog está genial
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