
No me esfuerzo por ser ácida. Me sale del alma. El sarcasmo duerme en mis entrañas y sale por mi boca sin que lo pueda encarcelar.
Te juro que no me esfuerzo por ser correcta y distante en mi forma de dirigirme hacia quien no tiene ningún lazo conmigo y con quien no deseo tenerlo jamás.
Le aseguro, señora, que no me armé el papel de seria y estructurada exclusivamente para dirigirme a su sensible e indignado ser.
Soy quien soy y me me expreso en la manera que me expreso. Qué puedo yo hacer si "soy horriblemente culpable de lo que digo, pero divinamente inocente de lo usted entienda"
Todo comenzó por las cintas, esas "baratas cintas de dos pesos" como ella las llamó.
Sábado por la mañana, llego a trabajar esperando no encontrar un desastre del alquiler de la noche anterior.
Tablones y pilas de sillas invadían mi espacio. Respiré profundo, no era sorpresa. Sabía que iban a retirarlas durante el transcurso de la mañana.
Me dirijo entonces hacia el lavadero, a buscar los carteles y globos para decorar el salón. Claro, estaba cerrado con candado. La llave? en casa de mi hermana. La llamo para que abriera la puerta. Ni siquiera podían sacar los productos para empezar a limpiar el lugar.
Un día genial, genial!.
Se abren las puertas y siento como lentamente la mañana retoma su curso. Al fin podían limpiar y yo podía dedicarme a decorar.
Pero... entonces, perdí quince minutos más buscando las cintas para pegar los carteles. Lavadero, quiosco y oficina fueron recorridos. No había rastro de las benditas cintas.
-¿Dónde las dejaste?- Pregunté.
-Ahí, atrás del quiosco, en los estantes.
Miré, y miré, como esas veces en las que sabés que algo está en un determinado lugar pero por alguna razón los ojos no logran discriminar la forma que estás buscando y no lográs verlo.
No estaban. N O E S T A B A N.
Por sugerencia de mi hermana, busco el teléfono y llamo a la "señora" que había alquilado el lugar el día anterior.
-Cristina, te habla marilina...
-Ah!! sos la hermana de melisa?- Preguntó amistosamente cual irritante teletubbie.
-Correcto. Te llamo, en primer lugar, para saber a que hora vienen a buscar las cosas, porque complica la limpieza del salón.
-Ay! supongo que después de las diez, de acuerdo a lo que dice el cartel del horario de atención en la puerta. Yo los llamo y...
-Segundo punto, es que me faltan unas cintas y no logro encontrarlas por ningún lado. Vos, o alguien las usaron, y pudieron haberlas llevado?
-Ay... que tipo de cintas?
-Una ancha, transparente, y la otra es de papel, bifaz.
-Le pregunto a mi hija que ella anduvo con las cintas y te llamo enseguida.
Aproximadamente diez minutos más tarde...
-El servicio va a ir ahora a buscar las cosas, y las cintas están acá. Pero no me gustó el tonito con que me hablaste. Por unas cintas de dos pesos, realmente. Mi hija se las pidió a tu mamá antes de usarlas, no fue sin permiso. Mis hijos son muy educados. Todo el tiempo tratamos con tu hermana, que es un amor, pero vos...
-Soy una persona diferente. Soy mucho más sería y estructurada que mi hermana. El problema no es que hayan usado las cintas, no es el precio, no es que las hayan llevado por error. El problema es que llego a trabajar y me encuentro que no están mis herramientas de trabajo, y eso me complica y retrasa.
Prosiguió con el precio, los hijos y mi tonito.
No me interesa que educación tienen tus hijos, Cristina. No estaba el tema en tela de juicio. Y si tenés que aclarármelo a mí, quizás vos no estés tan segura de la educación que les diste.
No me importa el precio de las cintas, que salen mucho más que dos pesos. Aunque costaran cincuenta centavos, vos, ni tus hijos, ni tu perra ni la pulga de tu gato, tienen derecho a llevarse las cintas. Si yo dejo mis herramientas de trabajo en un lugar, ahí tienen que estar la próxima vez que las necesite.
Al compararme, me faltaste el respeto. Al juzgar el tono de mi voz, me faltaste el respeto. Soy quien soy, pienso como pienso y me expreso como me expreso.
Neurótica hasta los huesos, y asquerosamente orgullosa de eso, repito que mi reclamo fue válido. Y tu postura fue irrespetuosa, principalmente teniendo en cuenta que quien llevó algo que no le pertenecía fuiste vos, no yo.
Sonó el timbre y al abrir la puerta, el hijo de la "señora" extendió la mano.
-Esto es tuyo- dijo.
Apreté mis labios y sonreí forzadamente.
-Gracias! hasta luego.
Que termine el año. Necesito vacaciones en el medio del monte, sin timbre ni teléfono, para desintoxicarme de la estupidez humana.
2 comentarios:
de onda.. yo no te hubiese dicho nada pero hubiera pensado: "qué mina rayada!" xD
aunque soy igual.. un beso, vecina :)
Culpable, rayada soy, pero por una causa justa jaja.
De verdad somos vecinos? Ya te dije que vivo en un termo.
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