30 may 2016

Rubi Tubi

No me di cuenta que se nos terminaba el tiempo juntas. Fue tan abrupto, casi tirano. Como si alguien desde algún lugar, hubiera decidido que en ese momento exacto se terminara nuestra historia. Y ahora empieza el capítulo de dejar pasar los meses y acostumbrarme al dolor de tu ausencia.
El día que te vi por primera vez, apareciste de golpe, atrás mío, mientras paseaba mis perros. Y ahí estabas, paradita, con ese optimismo y simpatía que te salía por todos lados. Y seguiste ahí, mientras mis perros te ladraban en la cara. Supongo que ese fue el momento en que me elegiste. Y así empezaste a acampar afuera de casa. Con tu cuerpo flaquito, tu oreja mocha y tu boca sin casi dientes. Te di comida y traté tu sarna. Tenías un olor muy feo. Tardé una semana en sacarlo de la entrada.
Llegó el calor de enero y te hacía pasar al living para dormir la siesta. Ponía un mueble para que mis perros no pasaran y te atacaran y prendía un ventilador para que estés fresquita. Y así fue hasta que Negro y Poli se acostumbraron, y saqué el mueble, nos acompañabas en los paseos. No sabía como iba a mantener tres perros, me dijeron que te comprara un alimento más barato para vos, pero una vez que estuviste adentro, no podía hacer diferencias. Te puse una chapita, porque no podía llevarte con correa. Pero con el tiempo y después de salir corriendo a buscarte por varios lugares de la ciudad, tuviste tu correa y aprendí a pasearlos a los tres juntos. Varias veces me tiraron al suelo. Pero seguimos intentando y los cuatro pudimos organizarnos.
Pasaron los años y te pusiste viejita. Supongo que no lo vi al proceso. Pero estabas más intolerante, te molestaba que el Negro juegue, ante cualquier ruido ladrabas. Te hacías sentir todo el tiempo. Y ahora se nota tanto que no estás, Rubi.
El jueves fue nuestro último día juntas. Tuviste como una convulsión a la siesta y me buscaste. Te caíste al piso, cerca de donde estaba yo. Cuando te vi, me puse al lado tuyo y te acaricié, esperando que te normalizaras. Y en un minuto ya habías vuelto a ser vos. Ya habías tenido un episodio hace unos años y no había vuelto a repetirse. Pensé que era lo mismo, algo aislado. Pero qué equivocada estaba. Se había puesto en marcha el final de nuestra historia. Le escribí a la veterinaria y me recomendó que te de un calmante, que esperara para empezar con medicación para convulsiones. Nos fuimos a dormir la siesta y a la tarde ya estabas normal. Paseamos juntas, como siempre, todo parecía seguir su curso.
A la noche salimos con Germán, Negro y Poli. Vos siempre paseabas con él, cuando estaba en casa. Lo adorabas y preferías estar cerca de él todo el tiempo. Yo iba caminando adelante con el Negro. Y entonces escuché que Germán me llamaba y me di vuelta, para verte tirada en el piso. Volví corriendo y me puse al lado tuyo. Germán tuvo que alejarse porque Poli quería atacarte mientras estabas en el piso. Al principio te acaricié para calmarte, pensando que era otra convulsión. Pero me di cuenta que no estabas respondiendo. Vimos que respirabas, así que empecé a hacerte masajes cardíacos y respiración boca a boca. Estabas casi desvanecida, apenas escuchaba un jadeo y tu lengua estaba totalmente floja, afuera de tu boca. Pararon unos vecinos en auto y me ofrecieron ayuda. Te cargué como pude, ya no había ningún signo de tensión en tu cuerpo. Supe que te habías ido. Pero así y todo llegamos a la veterinaria e intentaron reanimarte. Yo te decía mientras te acariciaba "Rubi, volvé" Pero ya habías dicho basta. Ya te habías ido.
Te enterré en un terreno de mi familia. Dejé con vos tu collar, tus mantitas, la toalla que te regaló Germán y mis guantes, que fue lo último que sentiste esa noche antes de irte. Me dejé tu correa, que la llevo conmigo cada vez que salgo a pasear a Negro y Poli, y tu abriguito a cuadros, que lo abrazo cuando me acuesto a dormir. Tu platito rosado quedó vacío, arriba de la heladera. Dejaste mucha ausencia, rubia loca, y miles de recuerdos que siempre voy a llevar conmigo. Espero que donde estés, estés bien, aunque te imagino lejos y sola, sin nosotros, y me entristece tanto como vernos sin vos.
Espero que nos volvamos a encontrar. Te amamos Rubi Tubi, nunca nos vamos a olvidar de vos. Siempre te vamos a extrañar.


























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