21 ene 2012

Sábado

Las cosas han mejorado bastante. Ya tengo un poco más de tranquilidad, desde que el jueves pude llevar a Chicha a un hogar temporal. Sacarla de la calle fue el alivio más grande que pude sentir. No puedo explicar la angustia que experimenté mientras ella estaba afuera, corriendo autos y motos, ladrando a las personas. De noche no dormía y durante el día estaba constantemente chequeando para ver que hacía.

La verdad que no sé qué genera su conducta. Cuando uno se acerca a ella, es la perra más amorosa que hay. Dá besitos, se pone pancita arriba para que la rasquen, hasta la toqué mientras comía y le saqué cosas de la boca sin problema alguno. Un amor, puro amor. Además de ser hermosa, claro.

Ahora tengo tiempo para buscarle un hogar permanente. Ella se lo merece. Y no puedo evitar pensar que me eligió para ayudarla. A diario veo perros en la calle, a muchos de ellos les doy de comer, y sin embargo ninguno me sigue ni se queda esperándome en mi jardín.

Compañera como hay pocas, me seguía a todas partes. Siempre caminando lento, siempre detrás de mí. Y si una mosca volaba en mi jardín, yo me enteraba. Chicha es una chica muy guardiana.

Espero no defraudarla y encontrar a alguien tan especial como ella para darle un hogar. A veces es tan difícil, a veces siento que se me escurren las ganas y las fuerzas. Es una tarea eterna, siempre hay un cuatro patas más que ayudar. A veces me aplasta la ignorancia de la gente, pero lo más violento es su indiferencia.

Lo que explota adentro mío, mi motor disparador, es verlos acostados, mirando pasar a la gente, otras veces siguiendo a personas, moviéndoles la cola, buscando despertar una simpatía que está profundamente dormida. Cuando los veo comer de la basura lo primero que encuentran, pienso en su hambre, en sus estómagos rugiendo, y cómo ellos se resignan ante esto. Se resignan al frío y duermen al descubierto en algún lugar que pudieron encontrar, se resignan al calor, sobreviviendo en alguna sombrita que un árbol les dio. Se resignan y aceptan los maltratos, no atacan, no gritan, no pelean y corren, si pueden. Y mientras tanto, buscan, muchas veces sin suerte, algo qué comer. Y si hoy no hubo suerte, mañana será. Y todo se les vuelve cuestión de azar, no tienen certezas, no tienen seguridad.

Esto es lo que me desgarra el alma. El desamparo me desarma. Eso de querer y no poder, y que tengan que aceptar las cosas como son, es lo que me lleva a actuar por ellos. Por los que no tienen voz.

3 comentarios:

Manco Cretino dijo...

Hace algunos meses aparecio una morocha por la casa de mi madre. Ningún interés por irse tenía y allí ya había una comunidad de 4 perros, por lo que la negativa a una más llegó.
En definitiva, la llevé a mi casa y la adoptamos. Una perra que me hizo acordar mucho la descripción que hacés de Chicha. Claramente se advertía que venía de un hogar, no de la calle... y preniada!!! Mecache... de golpe teniamos a toda una familia!
Tuvo cria, hubicamos a los cachorros pero le dejamos una hija, para que no estuviera sola (de paso mi nena de 4 convivía por primera vez con el crecimiento de un cachorro, desde la teta).
Resumo, se hizo largo: un día casi milagrosamente, aparecieron los dueños de Capicúa (así la habíamos bautizado, sí) que la vieron por mi cuadra un día que ella escapó a jugar a la calle. Y... sí, era notorio que pertenecía a esa familia.
Llanto de mi niña en medio, festejamos que Capicúa recuperó su hogar, y nos quedamos con Lulú, una hija desacatada que tiene ya 3 meses y adora morder y morder jajaja.
Fin.
Se extendió... Manco Cretino

Mente de Mar dijo...

Su comentario me da esperanza, don. Sería una alegría que chicha encontrara a sus dueños, si es que los tenía. Esa conducta con los autos y motos me hizo sospechar que es callejera. No he visto perro con casa con esos hábitos. Pero bueno, uno nunca sabe. Mientras yo sigo difundiendo en el diario y con carteles. Esperemos que alguien la quiera, es un amor, puro amor.

El tema de los cachorros... Yo tenía una que hasta me mordió el colchón (lo hizo pelota eh) y me quedé sin cama y tuve que dormir en un sillón. Recién después del año y medio dejó de portarse como desacatada. Lamentablemente Dodó no llegó a cumplir los dos años. Es algo que hasta el día de hoy me rompe el corazón. Por suerte a las dos semanas que murió encontré al perro negro que tengo ahora. Ella murió un 14 de marzo y al negro lo encontré el 27. Eso me salvó, porque la verdad que la angustia que tenía me estaba comiendo.

Saludos, don. Y paciencia, mucha paciencia!!

Manco Cretino dijo...

1° Pido disculpas por los HORRORES ortográficos! Eso se debe a que uno escribe a veces sin pensar (la mayoría jeje).
2° A Lulú la acostumbramos al collar y a estar afuera, como una buena perra de campo, que tanto. Vivimos en el centro pero hemos sido criados en el campo, asique nada de animales adentro jajaja (por la abundancia de terreno, vió)