25 ene 2010

Blondo tiene hogar



entonces se fue. No quería entrar al auto. Hizo su típico movimiento y entendí que quería hacer pis.
Lo llevé hasta el árbol de siempre y sentadito hizo.
De pie junto al auto, los extraños nos miraban con ternura. Les vi en los ojos que ya lo querían y él los aprobó al saltar y moverles la cola. Algunos besos también repartió.
Tuve que ingresar al vehículo, y entonces me siguió, sentándose al lado mío. Le di muchos besos en el hocico y se me escaparon unas lágrimas.
Busqué sus juguetes para que se entretuviera en el viaje y después salí del auto.
Me miró por la ventanilla cómo preguntando "por qué te bajaste"
Antes de despedirnos, me prometió que iba a cuidarlo y me abrazó. La nueva propietaria subió al auto y quedé parada en la vereda, observando como se alejaban.
Voy a volver a verlo, pero que ya no viva conmigo me entristece.
Blondo se fue y por un millón de razones era lo correcto, lo que tenía que hacer. Por mí, por él, por mi perro, por mi viejo... y sin embargo, duele.
Se fue uno de los perros más nobles que conocí, dejándome un nudo en la garganta y una lección: A veces dejar ir lo que queremos, aunque duela, es por amor.
Destino o coincidencia, agradezco haberlo encontrado en mi camino. Realmente es un perro muy especial.

2 comentarios:

Unknown dijo...

:'(

Juan Pablo dijo...

Que difícil debe haber sido Maris.