27 mar 2015

Había una vez...

... una vecina muy mal educada, que me vio con mis perritos en la vereda, afuera de su casa, y agresivamente salió y con tono casi imperativo, preguntó:
¡¿vas a limpiar después?!
Saqué entonces de mi bolsillo trasero, las bolsitas que conmigo siempre llevo. Las agité en el aire, cual banderines en señal de paz, y sonriendo respondí:
- ¡Sí!, siempre junto lo que hacen mis perritos!
Asomó a su rostro una expresión de decepción. Una sonrisa siempre combate a un gesto peyorativo, y así, descolocada, regresó al interior de su vivienda.
Luego de ese episodio, ya no me saludó. Es ley común que un mal perdedor, siempre se ofende. Los días pasaron y el próximo encuentro fue, de su parte, aún más violento. Tenía su auto atravesado en la vereda, en la entrada del estacionamiento pago. Ella, lista para cerrar el portón corredizo y poco dispuesta a cederme el paso, por el estrecho espacio, que había dejado para la circulación de ésta sencilla peatona que sólo deseaba atravesar la zona con sus perritos.
Y ya como su postura lo delataba, quiso interrumpir mi circulación, deslizando el portón de forma abrupta y ruidosa, asustando a mis canes, y casi rozándonos con el mismo.
Ésta semana descubrí, que ahora tiene un perrito, blanco, de esos pequeñitos que se compran por un precio sumamente elevado. Lo paseaba por la vía pública, muy temprano. Pero claro, ya estaba casi ingresando a su domicilio, y no vi nada reprochable. Hasta ayer por la tarde, que coincidimos en los paseos y ví como su lindo perrito defecaba en la vereda de un vecino.
Me quedé parada justo detrás de ella, a menos de un metro de distancia. La ví hacer movimientos simulados, como si preocupadamente buscara algo en sus bolsillos. Pero nada salió de ellos, jamás se agachó a juntar el "regalito".
Y así, señoras y señores, mi vecina hipócrita, que semanas antes había demandado que se junten las deyecciones perrunas de la vereda fuera de su casa, no limpió el excremento que dejó su bonito perrito.
FIN

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