1 oct 2014

El cierre que no termina de cerrar

es como un tunel con esa luz que muestra la salida, pero que continuamente se aleja.
"Sólo sigue y sigue" - dijo Sarah. Era un laberinto sin entradas, sin esquinas, sin vueltas.

Y cuando otra vez creí llegar a un final, se agregaron unos metros más. Mi problema es creer, o asumir, como pensar que al mes iba a andar sin cuello, corriendo libremente como si nada hubiera pasado. Pero creí mal. Está bien que ahora puedo sacarme el cuello por 3 o 4 horas al día, está bien que ya puedo salir a caminar para hacer ejercicio, pero todavía, a un mes y seis días de la operación, no puedo hacer ningún tipo de fuerza.
Y así me despedí de pasear a mis perros por otro mes, y así escribió con su tinta negra otro certificado por treinta días, y así me despido de mi rutina por otro mes más.

Quizás yo nunca entendí, o caí en la cuenta de la seriedad de lo que estaba enfrentando, o quizás no soy la persona correcta para enfrentar este tipo de situaciones. Soy yo, tan individual y particular que no puede mover la cabeza por mi misma, yo, tan particularmente yo, aterrorizada de dar un paso sin el cuello puesto, yo, con esos ataques de pánico que se despertaron de golpe, yo, con mi suerte poco exitosa, que me dejó una cicatriz que no evolucionó como tenía, y puede que no quede bien.

No sé que es lo que nos hace querer eso que no podemos tener. Una rebeldía espiritual, acaso? Una revolución de nuestra energía interna que no acata el presente, y ataca lo que fue establecido?
¿Que es lo que me arranca estas lágrimas por no tener lo que hace tres meses atrás también me daban ganas de llorar por estar haciendo cosas poco relacionadas con la carrera que estudié?

No ha sido fácil la convivencia conmigo, con mis antagonías y mis discordias internas, pasando por el silencio que genera la única compañía de uno mismo. A veces creo que es más fácil ser en el afuera, pero hacia dentro, dónde sólo uno se ve, dónde no sirven las sonrisas con esfuerzo, la paciencia, la cordialidad, la buena voluntad; impostar por códigos de convivencia pierde su sentido cuando solamente está uno mismo con uno mismo.

No le puedo mentir a mi angustia, tampoco a mi falta de ganas, no puedo obligarme ni insistirme a mi misma para sentir o hacer lo que no quiero, cuando sólo estoy yo. Así que han sido muchas horas de estar solamente sentada, con todo y nada circulando en la cabeza y ningún orden temporal que me obligue a registrar fechas u horarios... Las cosas se desdibujan y se vuelve fácil perderse.

Me habían gustado mis logros, mi insistencia, aunque no me gustaba donde estaba, y todo porque me dijeron que no servía, que quizás no iba a quedarme en el trabajo.

Mi primer trabajo... a mi edad, ya sé; o quizás no, al fin de cuentas, nada tiene porqué seguir patrones realmente. Mi vida se dio a destiempo,  fue así, y es irremediable, inmodificable. Así se dio. Sobrada de protección, con la opción de permitirme caer, porque tenía donde caerme. Y por insistencia y por compromiso conmigo misma, el laburo fue mi segundo logro auto impuesto por propia determinación. Mío, mi logro y de nadie más. Pero ahora eso está un poco lejos, y no sé si va a seguir ahí cuando termine de cruzar este túnel con esa luz tan chiquita al final. Estoy tan lejos de quien me estaba convirtiendo, y tan cerca de esto que me está envolviendo, de este presente amorfo que no me deja acordarme muy bien de quien soy, o de lo que puedo hacer, tan bizarro el cambio, que me volví una persona que se sofoca cuando hay mucha gente, o que siente ganas de vomitar cuando ve un piso extraño, y quiere salir corriendo de una reunión de bautismo cuando la invadieron ruidosos bebés llorando.

He pasado por tanto en mi vida, TANTO, y la única pregunta que queda flotando es ¿Esto también va a pasar?

Cambio - fuera

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