24 sept 2014

A un día del mes

todos los días se parecen. Estoy aburrida, triste, sin ganas. Lo más atractivo es cuando llega la noche o la hora de la siesta, para poder dormir.
Yo sé que falta poco para que me saquen el cuello, pero hasta eso, que debería ser algo bueno, en algún punto me asusta. Me dan ganas de llorar, yo no quería nada de esto.
Miro a las personas desde la ventana, caminando rápido, y las envidio. Hace meses que no camino rápido, sin tener que fijarme si hay alguna vereda rota, o algo con que pueda tropezarme.

Miro mis vasos, todos con sorbetes, y los odio. Hace un mes que no toco con mis labios los bordes de un vaso para poder tomar.

No quiero pedir, no quiero depender. Tantas de las cosas que son automáticas y habituales, las observo en otros, y me entristece.

Ahora viene el bautismo de mi sobrino, que nació el viernes antes que me operara, y tener que ir con este cuello del ogt, me pone mal. Al almuerzo no voy a ir, no quiero estar comiendo de a pedacitos, como una tarada, adelante de todo el mundo.

Hoy me levanto a la mañana y estaba mi toalla del pelo tirada en el piso. Y eso me pone triste, porque mi novio la usó como alfombra. Y no sólo es que usó y dejó mi toalla, con la que me seco el pelo, tirada en el piso donde pisamos con zapatos que andamos en la calle, con quien sabe que peste, sino que ni siquiera la levantó. Y ni siquiera quiero entrar a analizar la connotación del acto; me entristece, porque, además, ni siquiera me puedo agachar rápido como un ser normal para juntar mi porquería de toalla.

Menos mal que ya van a ser las 13 hs y me voy a dormir.

Cambio - fuera

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