22 jun 2014

pensamientos en mi mente

Y si estamos atrapados en un círculo regido por un principio lacaniano? Insatisfacción, deseo, satisfacción, dejar de desear? Es ese el motor que nos impulsa? me asusta esa idea que se vuelve eterna, no poder desear lo que ya tenemos porque ya es real, que nos obliga a seguir buscando sin poder completarnos jamás.

Miro hacia atrás y pienso como desde la carencia me he constituido, al desear lo que faltaba y buscar satisfacerlo. Pero cuando eso llega, no es lo que queríamos, no es lo esperado, lo satisfecho se vuelve nuevamente un agujero a rellenar. Relaciones, trabajos, soledades, nunca alcanzan para llegar a esa felicidad continua y plena, utópica e inexistente. Lo inmutable es un cuento que termina en un proceso de metamorfosis que desemboca en el mismo punto: insatisfacción y querer más.

Viene entonces a mi mente un viejo recuerdo. Y hasta puedo escuchar mi propia voz vocalizándolo. Entonces mi cuerpo era una tabla, una nena con cero rastros de feminidad. En aquellos años se transmitía un programa en la tele: Monumental Moria, y yo, señoras y señores, quería ser como Moria Casán. Hasta que a los 12 años salieron curvas por todos lados, curvas que moría por ocultar. Apareció ese cuerpo de mujer tan deseado, y sin embargo, no lo pude asimilar.

Así que lo quise borrar, secarlo, reducirlo, enterrarlo hasta que desapareciera de mi vista y de la vista de los demás. A mis 13 años llegué a pesar 38 kilos y lo único que importaba era subir a una balanza y ver que había perdido un kilo más. Y así conocí el control, y era eso conocido lo que podía hacer. Cualquier experiencia que obligara a externizar mi conducta era una amenaza. Y fui entrando en mi misma. Esto no es simple de explicar. Pero para ponerlo en palabras sencillas, fue como perder contacto con todo lo que estuviera fuera de mi sentir y pensar.

Cuando mi mamá se enfermó, ese fue mi refugio. Mi propio interior. Negar lo que pasaba afuera fue mi forma de sobrevivir a su ausencia. Porque no importa lo que me digan, ni cuanto me explican de su enfermedad. En mi mente quedó grabada esa idea de que mi vieja se fue y ya no volvió. La definición de manual no me llena. "Es psicótica, con rasgos bipolares". Y sin embargo yo guardo algunos recuerdos viviendo su vida con normalidad. Algunos flashes de ella peinándome, vistiéndome para ir a danza o gimnasia acrobática. Imágenes de ella frente al espejo, arreglándose para salir, o cuando volvía del gimnasio con regalos para mí.

Y un día eso se terminó. Ella se fue y quedó esa cosa que se parecía a ella, pero pasada de pastillas, que a veces lloraba todo el día, y otras veces era capaz de asesinarte. Así que me quedé adentro, y aprendí a ignorar el afuera, porque me lastimaba. Aunque a veces creo que nunca fui muy conciente de lo que estaba pasando. Porque ahora, cuando pienso para atrás y me vienen a la mente todas las cosas por las que pasamos, creo que si hubiera sido conciente de la gravedad del asunto, no hubiera sido capaz de superarlo y seguir adelante. Aunque todo en mi vida se atrasó, emocionalmente no evolucioné bien. No tengo la madurez de una persona de mi edad, mi vida se dio a destiempo, porque mucho tiempo estuvo en stand by. Y todavía hoy muchas de las cosas que implican crecer, quedan fuera de mi ecuación y me da gracia como cualquier amistad con rasgo maternal o paternal me llena el alma. Es más de lo mismo, esto de llenar lo que quedó insatisfecho. Como los puchos que me fumo, o los caramelos que no dejo de comer, por eso oral que quedó sin resolver ya que mi vieja nunca me dio de amamantar... como dije, desde la carencia me constituí.

Ya sé, estoy de atar; no quiero aburrir más. 
Cambio - fuera.

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