17 sept 2013

Un año sin Nonito Amor

Te encontré una mañana de Marzo, te rascabas la espalda sobre el pasto. Creo que te encontré, aunque a veces pienso que me encontraste. Viejo, todo pelado por la sarna, sin dientes y con las caderas destartaladas; pero con un espiritu aventurero y callejero, imposible de encarcelar.

Por varios días fuiste y viniste, comías en casa y desaparecías, hasta que pude agarrarte y llevarte a la veterinaria. Tenías todos los problemas: 17 años, problemas de cadera, cardíacos, tumores, pero por el corazón no te podíamos operar. Pensé que tenía que ayudarte, que ya te quedaba poco tiempo, semanas, meses; y al final, viejo, con la batería de remedios, viviste un año y medio. Todavía recuerdo los remedios: artroglican para las caderas, furosemida para la parte renal, enalapril para el corazón, prednisolona si molestaba la pierna, y cuando los dolores eran muy intensos tomabas tramadol.

Al principio dormías en mi jardín, en una caja bajo techo. Te compré un moisés precioso y unos metros de polar para el invierno. También un abriguito con capucha, que te robaron. En la vete te regalaron otro (el celeste con corazones) apenas les conté lo que había pasado. Más tarde, en una de tus tantas internaciones, te regalaron el abriguito rojo, con el número; ese que te quedaba tan canchero.

Un día desapareciste, salí a buscarte desesperada, hasta en los container de basura me fije, creyendo lo peor. Tres días después llegó Eliana a mi casa. Habías estado en su casa todo ese tiempo. Te enamoraste de ella, de su familia y sus pichos (Ricky, Bono, Sasha y Akita). Ya nunca quisiste volver a casa por tu cuenta. Pero no te culpo, allá tenías tantos amigos, en cambio en casa mi morenito no te quería y te peleaba.

Entonces te entré a casa, empezaron las acrobacias, los cuidados y las puertas cerradas para que mi perro no te atacara. Empezaste a domir en casa porque sino ibas a romper los cocos a lo de Eli, a la madrugada. Fuiste super mañoso. De mañana, después de desayunar, te abría la puerta y sólo hacia su casa te dirigías. Pero con el paso de los meses te pusiste más viejito, así que te llevaba a la mañana y te buscaba a la noche, o te traían para casa, como a una criatura, como un hijo en custodia compartida; Un viejo con dos hogares.

Eras mi nonito amor; nuestro. Mío, de Eliana, Cristina, Evangelina y Antonio. De Gabi, el de la panadería, que a veces visitabas y te convidaban con esos pancitos saborizados con salame que tanto te gustaban. De la señora de la zapatería, que al verte tan abrigado te bautizó "bufanda". También visitabas la vete, simplemente entrabas y te acostabas cerca del mostrador. La doc Jorgelina siempre te ayudó y te dio la mejor de las atenciones y dedicación, viniendo a verte esos días que no podías pararte, aunque estuviera con su panza enorme por su embarazo.

Jamás conocí un perro tan particular como vos. Te volviste parte de mi vida, de mi rutina, amoldé mis horarios a vos, y cuando te fuiste, Nonito, quedé vacía, desorientada, sin saber que hacer con tantas horas que me sobraban. Te acompañé hasta el último momento, y te fuiste tranquilo, rodeado de amor, mi viejo. Eras mi viejo, mi amigo, mi nonito amor.




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