Te encontré una mañana de Marzo, te rascabas
la espalda sobre el pasto. Creo que te encontré, aunque a veces pienso
que me encontraste. Viejo, todo pelado por la sarna, sin dientes y con
las caderas destartaladas; pero con un espiritu aventurero y callejero, imposible de encarcelar.
Por varios días fuiste y viniste, comías en casa y desaparecías, hasta
que pude agarrarte y llevarte a la veterinaria. Tenías todos los
problemas: 17 años, problemas de cadera, cardíacos, tumores, pero por el
corazón no te podíamos operar. Pensé que tenía que ayudarte, que ya te
quedaba poco tiempo, semanas, meses; y al final, viejo, con la batería
de remedios, viviste un año y medio. Todavía recuerdo los remedios:
artroglican para las caderas, furosemida para la parte renal, enalapril
para el corazón, prednisolona si molestaba la pierna, y cuando los
dolores eran muy intensos tomabas tramadol.
Al principio
dormías en mi jardín, en una caja bajo techo. Te compré un moisés
precioso y unos metros de polar para el invierno. También un abriguito
con capucha, que te robaron. En la vete te regalaron otro (el celeste
con corazones) apenas les conté lo que había pasado. Más tarde, en una
de tus tantas internaciones, te regalaron el abriguito rojo, con el
número; ese que te quedaba tan canchero.
Un día desapareciste,
salí a buscarte desesperada, hasta en los container de basura me fije,
creyendo lo peor. Tres días después llegó Eliana a mi casa. Habías
estado en su casa todo ese tiempo. Te enamoraste de ella, de su familia y
sus pichos (Ricky, Bono, Sasha y Akita). Ya nunca quisiste volver a
casa por tu cuenta. Pero no te culpo, allá tenías tantos amigos, en
cambio en casa mi morenito no te quería y te peleaba.
Entonces
te entré a casa, empezaron las acrobacias, los cuidados y las puertas
cerradas para que mi perro no te atacara. Empezaste a domir en casa
porque sino ibas a romper los cocos a lo de Eli, a la madrugada. Fuiste
super mañoso. De mañana, después de desayunar, te abría la puerta y sólo
hacia su casa te dirigías. Pero con el paso de los meses te pusiste más
viejito, así que te llevaba a la mañana y te buscaba a la noche, o te
traían para casa, como a una criatura, como un hijo en custodia
compartida; Un viejo con dos hogares.
Eras mi nonito amor;
nuestro. Mío, de Eliana, Cristina, Evangelina y Antonio. De Gabi, el de
la panadería, que a veces visitabas y te convidaban con esos pancitos
saborizados con salame que tanto te gustaban. De la señora de la
zapatería, que al verte tan abrigado te bautizó "bufanda". También
visitabas la vete, simplemente entrabas y te acostabas cerca del
mostrador. La doc Jorgelina siempre te ayudó y te dio la mejor de las
atenciones y dedicación, viniendo a verte esos días que no podías
pararte, aunque estuviera con su panza enorme por su embarazo.
Jamás conocí un perro tan particular como vos. Te volviste parte de mi
vida, de mi rutina, amoldé mis horarios a vos, y cuando te fuiste,
Nonito, quedé vacía, desorientada, sin saber que hacer con tantas horas
que me sobraban. Te acompañé hasta el último momento, y te fuiste
tranquilo, rodeado de amor, mi viejo. Eras mi viejo, mi amigo, mi nonito
amor.
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