Una día normal que se convirtió en un día complejo con la llegada de la noche. Cada tanto aparecen esas situaciones que te acorralan, sintiendo que no hay colchón que amortigue la caída cuando tocás tierra.
Se me escaparon las sonrisas y la bufanda hace presión sobre el nudo en la garganta. Siento que se me escapan las lágrimas, y sin embargo ninguna ha caído todavía. Quizás la vida te hace fuerte, y las decepciones no terminan de romperte. De nada me sirve enojarme y gritar, lo que concentra el gusto amargo que genera el sentirse defraudado.
Ya he contado la historia de Nono, el perro viejo que encontré en la calle. Lo tenía en el jardín de mi casa, dormía afuera en una cucha que le había hecho y me encargué de todos sus tratamientos para recuperarse de la sarna y problemas de articulaciones. Un día desapareció por varios días y resultó ser que estaba en la puerta de la casa de una chicha cuyo vecino tenía sus perras en celo. Esta chica me encontró mediante facebook y le informaron que yo lo cuidaba al Nono. Así que quedó en custodia compartida con esta chica que vive a unas seis cuadras de mi casa. Empezó a entrarlo a la casa y al tiempo yo tuve que entrarlo a la mía porque sino iba a la madrugada y les ladraba para que le abrieran Nono se encariñó con toda la familia y sus perros. Todos los días lo único que hace apenas se despierta, es esperar ansioso para irse a su casa. Es tan difícil verlo llorando y ladrando cuando tiene que esperar, porque me piden que lo mande a una determinada hora porque quieren dormir, o porque no van a estar, etc. Yo tengo que quedarme con él para que no llore y se distraiga, hasta que llegue la hora de irse.
Hace no mucho empezaron los pedidos cansadores. Que espere a que se despierten en la casa, porque sino el perro les raya la puerta en el tiempo que les lleva escucharlo, levantarse y abrirle. Que lo busque antes de las nueve de la noche porque querían cocinar y cenar tranquilas. Que los domingos y sábado lo mande al medio día porque duermen hasta tarde. También dejaron de traerlo. A veces lo buscaba yo y otras lo traían ellas, y ya no más, lo que me dificultó más todavía las cosas.
Hoy me dijeron que no lo podían tener más en la casa, que se porta mal, que hace pis por todos lados, etc. Me siento muy angustiada porque Nono no quiere estar en mi casa, el llora y ladra para irse a la casa de ellas. En el momento que lo deje salir, es ahí a donde va a ir. Entonces me dijeron que le buscara una casa. Pero se va a morir de tristeza si no me ve más ni a mi ni a ellas. Siento tanto dolor, y tanta decepción. Para mí no ha sido nada fácil estar sujeta a los horarios de estas personas, de cumplir con sus pedidos, pero todo lo hice porque lo que Nono quiere es estar allá, y como no podían quedárselo porque tienen cuatro perros, hice todos estos esfuerzos para que el pueda seguir llendo. Y ahora esto... me causa mucho dolor por él.
Yo no tengo ningún problema en que el viva en casa, ya estando yo con mis perros viviendo aparte, es mucho más sencillo. Pero el sufre si no va allá. Vamos a tener que hacer esto paulatinamente, que sea un proceso, y espero que el se adapte.
No puedo evitar sentir que se lavaron las manos. Espero que su tranquilidad y la limpieza de su casa valga la pena y justifique el sufrimiento que le van a causar al pobre viejo.
Voy a hacer el mejor de los intentos, aunque esto sea muy complejo, porque para mí la tranquilidad es como estar muerto, no vale la pena si causa sufrimiento, y "la vida sin problemas, es matar el tiempo a lo bobo".
Cambio - fuera
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