4 abr 2012

Día internacional de los animales sin hogar

 Hoy es el día internacional de los animales sin hogar, o callejeros, y quería compartir la historia de mis tres perrunos, que rescaté de la calle y adopté. Las cosas en mi ciudad están bastante mal, se pueden ver perros sin hogar comiendo de la basura, algunos están muy lastimados, ya sea porque los chocan y nadie los ayuda, otros están heridos por puro accionar intencional humano.

 Las personas no parecen entender que estos animales son seres vivos, que tienen sentimientos y necesidades. Ellos necesitan de nuestra ayuda. No mires para el costado, ellos pasan hambre, frío, sufren el calor... Si tenés una mascota, tratala con respeto, no es algo que se tira una vez que te aburrió. No es el juguete de tu hijo, ni tu guardia privado que atás en el patio. Es tu compañero, un miembro de la familia.
Así que este es el mensaje de hoy: sé responsable con tu animal, sea perro, gato, etc. Ellos dependen de nosotros para sobrevivir.

 Tres historias para contar:

  • La historia de Moreno
  • La historia de Poli
  • La historia de Nono 



                                                                                                              Moreno

Corría el año 2008, uno de los más tristes años de mi vida, porque Dodó, una cachorra que había adoptado, se fue de mi vida antes de cumplir los dos años. Cuando Dodó se murió sentí que me habían arrancado el corazón y pensé en no tener una mascota nunca más. Pero el destino generalmente no coordina con nuestros planes, y las cosas pasan sin nuestro permiso. Y así fue que el 27 de marzo, dos semanas después de que muriese Dodó, encontré a Moreno mientras hacía unos trámites del trabajo. Estaba desnutrido y deshidratado. Parecía estar dando sus últimos pasos. Se estaba dando por vencido y lo acechaba el cansancio.
Tenía una herida muy profunda en su cuello, infectada y llena de gusanos. Lo hice seguirme hasta un almacén de mascotas dónde pedí prestado un bozal y lo llevé conmigo al trabajo. Llamé al número de emergencia veterinaria y vinieron a buscarlo. Lo tuvieron internado hasta la noche, que fui a buscarlo.
Lentamente se fue recupenrando de sus heridas del alma, y más rápido de su herida en el cuello. No quería llevarlo a mi dormitorio, así que dormíamos los dos en la cocina, sobre unas colchonetas.
Estaba decidida a darlo en adopción cuando sanara, pero cuando ese momento llegó no lo pude hacer, porque había logrado llenar parte de ese vacío que había quedado en mi corazón.

 Poli                                                                                                                         

Poli apareció dos años más tarde. Estabámos paseando con moreno, como todas las mañanas, y la vimos venir. Estaba corriendo muy asustada, pero cuando nos vio se detuvo de golpe. Moreno se sentó y movía la cola contento. Lo tuve que obligar para seguir caminando y Poli nos siguió. Cuando llegamos a casa se quedó en el jardín y le ofrecí comida y agua. Estaba extremadamente delgada. Se le notaban las costillas y los huesos de las caderas. Estaba realmente insegura y atemorizada. No dejaba que la toque, y al más mínimo movimiento se alejaba desconfiada. Ví que tenía sarna y quise llevarla al veterinario, pero cuando le pude poner la correa, se hizo pis encima del miedo. Así que la dejé tranquila. Fue cuestión de tiempo para ganar su confianza y poder hacerla ver por los doctores y comenzar su tratamiento. Dormía en el jardín, y me encargaba de que no le faltara comida ni agua. Recuperó su peso y se curó de la sarna. Cuando el invierno llegó empecé a entrarla, hasta que las temperaturas se volvieron muy frías y sus entradas nocturnas se volvieron una estadía permanente. Cuando una mujer finalmente quiso adoptarla, ya habían pasado cuatro meses que estaba con nosotros y no pudimos darla. Y así Poli se convirtió en otro miembro de la familia.

                                                                                   
                                                                                     
                                                                                                                        Nono

La historia de Nonito amor, es la más extraña de todas. Perro singular si los hay. Llegó una mañana y se revolcaba en el pasto, como si de los placeres más grandes se tratara. Le dí agua y comida, pero no se quedó. Se fue y a los pocos días volvió. Y así, empezó a pasar todos los días. Comía y se iba, sin que yo lo viera, ya que le dejaba agua y comida afuera, porque mis tiempos estaban bastante apretados y entre estudio y trabajo, casi nunca estaba en casa. Hasta que finalmente una tarde lo sorprendí comiendo en mi jardín y lo llevé a la veterinaria. Nonito tenía la mirada más triste que jamás ví, sus ojitos enfermos y toda su parte trasera pelada e inflamada por la sarna. Esa tarde durmió en mi jardín y se hizo el hábito de dormir todas las noches en una casita que le hice con cartón, desayunaba, almorzaba y cenaba, dormía la siesta y por las noches, el resto del día paseaba.
De repente desapareció, y dejé de verlo por cuatro días. Salí a buscarlo por todos lados. Nono tiene unos 16 años y pensé que algo le había pasado. Hasta llegué a pensar que se había muerto y buscaba en los container de basura. No había rastros de Nono, y al tercer día dejé de buscarlo. Un día apareció, tomó agua y cuando entré a buscarle comida se fue y otra vez desapareció. Hasta que unos días más tarde una chica apareció y me dijo que por medio de facebook se había enterado que yo lo cuidaba y que tenía su casita en mi jardín. Había estado durmiendo en la puerta de su casa y ella lo había estado alimentando. Pero como veía que el perro, aunque viejo, estaba sano, creía que tenía dueño, y por suerte mediante facebook logró dar conmigo. No vive lejos y hasta el día de hoy, Nono sigue visitándola todos los días. Se va de mañana y pasa todo el día en la casa de esta chica y a la noche lo busco para que cene y duerma en casa. Así que podría decirse, que tenemos custodia compartida.


2 comentarios:

Manco Cretino dijo...

De los perros que tuve en mi infancia, los 3 más importantes fueron vagabundos que adoptaron nuetro hogar como propio. Terry (un clásico), Poly (si, yo también tuve uno!) y Pituca, dicho sea de paso los mejores que tuvimos para arrear vacas y los que más años vivieron. Salud, por ellos!

Mente de Mar dijo...

jajaja la mía es Poli! de Policía jajaja, perrita agente undercover!