15 sept 2010

De lejos todos somos valientes


Si hay algo que no tolero es la injusticia. Injusticia cometida hacia mí, injusticia cometida hacia otros.
Nunca he podido ni jamás voy a poder pasarlas por alto. Me hace hervir la sangre, me enfurece al punto de que se me caen las lágrimas. Y si hay algo que tolero menos, es la injusticia cometida por cobardes... al parecer, de lejos todos somos valientes, con terrible boca para decir lo que sea, a quien sea, mientras no sea de frente, hablando cara a cara. Y lo digo ahora, y lo voy a decir siempre. Si largás palabras en el viento para que floten hasta el oído del receptor y pensás con quedarte con la última palabra, contento de tu inexistente frontalidad y no tenés la entereza de entablar un diálogo de ida y vuelta, es muy simple: sos una cagona/cagón.
El problema es cuando la receptora del mensaje soy yo. Yo siempre vuelvo. Ni por un instante te pienses que me vas a decir algo gratuitamente sin recibir respuesta. Yo vuelvo.
Son tres las situaciones que me han sucedido en el transcurso de dos años. Generalmente no pierdo el tiempo escribiendo sobre estas cosas, pero el sábado, día en que ocurrió el último capítulo, se rebalsó el vaso y me declaro harta de la boludez humana.
Primer encuentro: Rubia teñida de la florería, con media neurona activa.
Paseaba a mi perro y pasamos por la casa de la susodicha. Mi perro para, levanta la pata y hace pis en la tierra, apuntando al árbol. Seguimos caminando y entonces escucho:
- Joya (Esta palabra se siente en mis oídos como uñas arañando un pizarrón. Expresión vulgar utilizada por personas de vocabulario limitado, digno de cancha de futbol. Me imagino a la persona que la utiliza como una milanesa que desprende litros de grasa). Yo no tengo perros para no estar limpiando y resulta que tengo que limpiar lo que ensucian los perros ajenos.
Entro a casa, dejo el perro y me vuelvo.
- Disculpame, no sabía que te molestaba que el perro orinara el árbol. (miraba la vereda y trataba de entender que suciedad tenía que limpiar. El perro había meado el árbol! Lo fregaría con cif? virulana, y detergente, y después blem para sacarle brillo?)
Asoma a su cara una expresión de furia y empezó a gritar. Cada palabra que decía, la forma en que las decía, me traían a la mente la milanga chorreando grasa.
- Sí, me molesta, porque tu hermana dejaba los perros afuera y me meaban y cagaban todo.
Me quedé pensando, porque la verdad no entendía muy bien que relación tenían los perros de MI HERMANA con mi perro, que solamente sale conmigo, con collar y que jamás anda orinando ni defecando libremente por todos lados. Cobarde... eso se lo tendría que haber planteado a mi hermana.
- Mirá, mi hermana dejaba los perros afuera. Yo NO soy mi hermana, mi perro no son los perros de mi hermana. Yo lo paseo y no ensucia nada, y hasta junto la materia fecal, haga donde haga. Ahora, si te molesta que haga pis, yo te lo tengo que respetar porque este es tu árbol. Así que disculpame, no va a pasar más.
Entonces entrecierra los ojos y me mira con furia. Decide repetir esa frase idiota que dijo anteriormente cuando pasé caminando.
- Sí, me molesta, porque yo no tengo perros para no estar limpiando y...
"La verdad, si te perdés de tener un perro porque ensucia y no querés limpiar, sos terriblemente estupida. Más estúpida y pobre mentalmente de lo que imaginé. Más pobre que tu retórica y tu vocabulario"
- No sabía que te molestaba. Disculpame, no se vuelve a repetir.
Apretó los labios y fingió una sonrisa.
Ahí quedó el episodio. Pero un tiempo después, estaba sentada en la vereda con una amiga y yo pasé caminando con el gordo y escucho lo siguiente:
- Al fin pasa con alguien con alguien que no es el perro.
Sí, sentí muchas ganas de volverme y arrancarle cada uno de esos pelos teñidos que tiene en su cabeza sin neuronas. Pero no lo hice. No valía la pena. No puedo discutir el tema de relaciones humanas con una persona que le grita "te voy a matar, pedazo de sorete" a los hijos y marido.
Para cerrar este episodio, agrego que ahora tiene un perro. Por supuesto, un perro de raza, del tamaño de una pulga, al que lleva alzado y le habla como si fuera un bebé.
No sólo sos incoherente, bruta, mal educada, atrevida, además sos terriblemente pelotuda.

Caso dos: Señor hipócrita.
Esto pasó cuando Blondo todavía vivía en casa. Estaba parada en una vereda con mis perros que estaban olfateando el pasto. Pasa un "señor" con su flamante labrador negro. Obviamente que se ladraron mis perros con el de él, y tironeaban los tres para atacarse. Pero el señor siguió de largo y se paró en la vereda de su casa. Empieza a caminar y se acerca al pasto. Entonces levanta la vista y me dice:
- Esto no es un baño público.
Ah? hooooooola.... de que carajo me estás hablando.
- Disculpe pero yo ni pasé por ahí, nunca paso por ahí y ahora menos que menos voy a pasar por ahí.
- Mirá como está esto...
Me dio terrible odio. Si tiene el pasto plagado de mierda, por qué tiene que asumir que fueron mis perros?
- Yo junto lo que hacen mis perros.
Saqué el manojo de bolsas que llevo siempre en el bolsillo del jean y dejo que se desenrollé solo. Lo levanto en lo alto.
El muy pelotudo me hizo un gesto de desmerecimiento, como si no probara nada que yo llevara las bolsas.
Me vuelvo a casa, dejo los perros y voy a su casa. Justo estaba entrando el auto en el garaje, así que me paro al lado y baja el vidrio. Le pido que charlemos un minuto. Asintió
Tuve que escuchar su hartazgo de que los perros le ensucien, que el no sacaba a su perro a ensuciar veredas ajenas y blah blah blah.
- Lo entiendo. Yo estoy harta también. A mi no me gusta ver las veredas sucias y tener que estar haciendo equilibrio para no pisar mierda. Por eso, yo junto lo que hacen mis perros. Hay una ordenanza municipal que así lo ordena, y yo la cumplo.
- Y sí... pero nadie le hace caso
- Yo no soy nadie.
- Bueno, si no fuiste vos, disculpame.
- Le acepto las disculpas.
Me fui. Y a las pocas noches lo vi paseando su perro que iba repartiendo pis por todos lados.

Caso tres: Cagón sin tiempo.
Esto fue el sábado pasado. Iba paseando los perros y paso por al lado de un grupo de hombres que charlaban con otro, dueño de casa, y se encontraba de momento entrando en su casa.
- Si querés un perro, avisame. En el barrio hay muchos.
Otra vez. Dejo los perros en casa y voy a tocar timbre.
Sale la esposa del señor. "Señor"
- Puedo hablar con el señor que vive acá?
- Que pasa?
Le comento exactamente lo que había pasado.
- Y la verdad que me molestó lo que dijo, así que vengo a preguntarle si tiene algún inconveniente conmigo, que me lo diga personalmente y lo discutimos.
- Entra y le pide a su marido que salga.
Se escuchaba desde afuera: No No No, yo no tengo nada que hablar.
(cagón. CAGÓN)
Sale de nuevo la esposa, y me pasea por la vereda, mostrándome el panorama.
- Todos traen los perros acá, uno no puede caminar por el pasto sin pisar caca.
En este punto francamente empecé a pensar seriamente en no juntar más nada, si total todo el mundo piensa que toooooooooooda la mierda de la cuadra es de mis perros.
- Está bien, yo entiendo. Pero yo junto lo que hacen mis perros.
Habíamos vuelto a la entrada de la casa. Y entonces me dice "si no fuiste vos, disculpame"
- Ese condicional está de más. NO fui yo, punto. Estoy harta de estas situaciones violentas donde uno quiere aclarar las cosas, trata de hacer todo bien, e igual terminás pagando platos rotos que no rompiste. Igualmente, el asunto es con su marido, quiero hablar con él.
Y entonces sale el señor muy furioso y se me para a medio centímetro de distancia, poniendo su cara muy cerca de la mía. Me quedé firme. Si hay algo que es seguro de esas personas que pretenden atropellarte, es que cuentan con que te asustes, pero no son capaces de hacer nada.
- En Brasil, la gente anda con palitas. Con Palitas! ¿Adonde está la tuya? Nunca andás con palita.
- No necesito palita. Uso bolsas, como guantes, y así junto, y pongo en otra bolsa.
Saqué mis bolsas del bolsillo del pantalón.
Otra vez ese gesto estúpido, como si no fuera nada. Típico de quien quiere tener la razón a toda costa.
- Vos querés a los perros, no?
- Sí, le respondí. Los amo.
- Bueno, yo quiero a las personas.
Cri cri cri.... no sé que carajo tenía que ver. Pero me lo dijo como si hubiera dicho la frase más sabia del planeta, una gran verdad.
Para mí fue una incoherencia. Si tanto quiere a las personas, las trataría con más respeto. Sería hombre para decir las cosas bien y de frente, y no un cagón que hace salir a la mujer y que cuando finalmente sale, viene y te grita.
- Y yo no te voy a pedir disculpas. Ahora andate que estoy apurado.
- No, yo vine a hablar bien y usted me está gritando.
- No tengo tiempo de hablar blah blah
El punto es que terminó apretándome la mano, como cuando se cierra un acuerdo. Todo para conformarme, mostrándose incrédulo.
Todo un cobarde. Muy fácil decir cosas al pasar. Muy fácil hacerse el enojado y no escuchar. Muy difícil hacerse cargo de lo que uno dice y tratar de arreglar las cosas. Naturaleza humana.
Por eso, y mucho más, es que repito que amo a mis perros. Y no, no quiero ni me interesan el 90 por ciento de las personas.

Me retiro.
Que tengan un buen día!
P.D: lo que contienen las bolsas de la foto no son bombones =)

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