No se bien como definirme, hoy no sé si soy buena o mala persona. En líneas generales siempre he hecho lo correcto, rara vez me equivoco; Pero cuando lo hago, es a un grado que asusta.
Muchas veces creí que había nacido para estar sola. El silencio ha sido por años mi única compañía, pasando noches recluida en mis pensamientos, alejada de todo y todos. Cuando me alejo, cosas buenas pasan a las personas de las que me despido.
Alguna vez me dijiste que te vine como anillo al dedo y supe exactamente lo que me quisiste decir. Llegué a tu vida en el momento justo, cuando todo se había desmoronado y no te dejé caer. Y hoy mi respiración abruptamente se congela al entender que quien te hirió fui yo. Quedaste sin palabras, silenciosamente destruido, con tus ojos sin luz.
En mi vida nunca tuve quien me dijera que hacer. No hubo una madre que pudiera aconsejarme. Viví con el alma desnuda por años. Tuve que aprender a confiar en mí y actuar de acuerdo a mi sentir, a mi pensar. La verdad es que no sé mentir, es que no se callar lo que me pasa adentro. Aunque duela, aunque hiera, tuve que decirte lo que había sentido. Que esa persona me confundió.
Ya habíamos arreglado las cosas, pero nada estaba arreglado en mi mente hasta que no vomitara mi verdad. Y lo hice.
Entiendo cada una de tus decisiones, las respeto. Aunque en silencio siempre esperé que te aferraras a mí. Cada vez que me fui, nunca hiciste nada para que volviera. Siempre fui yo, todo el tiempo... Hoy entiendo porqué. Me lo dijiste en una de nuestras charlas. "Creo que quizás necesites otro tipo de persona a tu lado, y no alguien tan parco y frío como yo". A veces pienso que nunca tuviste fe en nuestra relación.
- Yo me abro - Dijiste- Creí que ese tema estaba superado. Las cosas ya estaban contaminadas, esto simplemente fue el tiro de gracia. No te voy a hacer elegir.
Era mi verdad. Quizás debí callarla, pero así soy yo. Transparente. Nunca te mentí y no iba a empezar ahora. No me arrepiento de decir lo que siento. Aunque por eso te haya perdido.
Entiendo que ya no hay retorno. Duele, asfixia.
Hoy después del trabajo no pude volver a casa. Caminé en dirección opuesta. Necesitaba aire, ver como la vida sigue aunque hoy me ahogue la tristeza. Entonces apareció uno de estos personajes que venden perfumes y me preguntó que tipo de fragancia me gusta.
- No uso perfume - inventé
- Y uno para tu novio, esposo?
No pude hablar. Me limité a hacer una señal con mis manos, diciendo que no quería nada. Apreté mis labios, tragué la piedra en mi garganta y logré que las lágrimas no rodaran.
Hoy no sentí hambre. Son las dos de la tarde y no estoy durmiendo siesta. Me cuesta estar en mi dormitorio. Anoche traté de mirar tele, pensando que podría engancharme con algo, ya que no estabas para cambiar los canales cada dos segundos. Quien empezó a cambiarlos fui yo. No había nada.
Empecé a quedarme dormida y al abrir los ojos casi pude escucharte susurrar mi nombre, despacito, como siempre hacías para despertarme y después reírte de mi cara.
Siempre me dijiste que era una persona excepcional y que tenía muchísmo para dar.
Ojala pudiera verme a través de tus ojos...
Dicen que la verdad te libera, pero se olvidaron de decirme que también te perfora el alma.
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