23 feb 2008




A veces los fantasmas reaparecen, y de solo pensar que pueden volverse nuevamente mi presente, me produce escalofrío... Me cuesta hablar de esto, tanto, que mi primer impulso después de escribir la primera oración, fue levantarme y salir al patio a fumar un cigarrillo.

No sé si pueda pensar en palabras justas para mis sentimientos. Alguna vez fuiste una sombra y te moviste, hablaste, hiciste y viviste por inercia? Sin razones, el mundo se vuelve plano, la vida se vuelve plana. Y caminás en círculos, una y otra vez, pasando por los mismos lugares, repitiendo las mismas situaciones. Y te preguntás ¿hasta cuando?

Hace dos años mi vida se rompió y sabiendo lo que venía, me quedé donde estaba. Y ví todo caerse, así como en cámara lenta... como cuando se te cae un vaso de las manos, y cuando finalmente pudiste reaccionar y te moviste, el vaso estaba tocando el suelo y ves como los pedazos vuelan para todos lados.
Tantos errores, de los cuales muchas veces fui autora, pero en su mayoría, solamente fui el sujeto que sufrió el efecto de una causa ajena.
Todavía puedo verme juntando mis cosas, metiendo ropa en bolsos apurada. Solamente quería irme, alejarme de esa persona que destruyó mi vida y me hizo tanto daño. Miles de veces juré no volver a hablar del tema, pero al ver como la historia puede repetirse, hasta mis manos tiemblan.
Y ahora, si todo explota, como me escapo? Como pongo distancia de la persona que destruye mi vida... que irónico todo, quien me destruye es quien me dio la vida. Tan irónico como prender la tele y ver tu historia contada por un histriónico personaje que trabaja en una sala de emergencias.
La vida se crea de a dos, y cuando la suma de uno más uno se vuelve uno menos uno, y la unidad se disuelve, transformándose en mitades separadas, podés encontrar refugio en la mitad sana. Pero cuando la mitad enferma vuelve por un bizarro giro del destino, ya no hay una mitad sana a la cual recurrir.
No quiero pensar más, solo espero contar con la fortaleza necesaria para salir del fuego si todo vuelve a explotar.
No la odio, pero tampoco la quiero. Y por más que intentara, ya no podría perdonarla. No se trata de orgullo, no se trata de rencor. Es algo que siento muy dentro mío... no me sale perdonarla. Y nunca me voy a olvidar de lo que pasó. Solamente tenía catorce años cuando la ví mal por primera vez y desde entonces, todos los años, la historia vuelve a repetirse. Como la historia sin fin, pero sin dragones de la suerte ni héroes que luchan contra la nada. No puedo perdonarla, se suponía que ella tenía que cuidarme y por el contrario, ha sido la causante de todo lo malo que pasó en mi vida. No me puedo olvidar, y no es odio, no es rencor. Es cansancio, es decepción, es carencia de expectativas... ya no espero nada de ella.
Es tan confuso sentir tanto dolor, y a la hora de apuntar buscando un culpable que haya causado daño con intención, no puedo encontrar a nadie. Muy dentro mío, comprendo que es una enfermedad, pero comprenderlo no borra mi pasado, no llena la ausencia de las cosas que me faltaron, la ausente presencia de una madre.

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